Wednesday, October 27, 2010


Reseña libro:
“Sinrazón capitalista y razón de la democracia, contra la subasta de la conciencia política”.
Crisóstomo Pizarro
Editorial Catalonia, 207 págs.

 

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A propósito de Tecnocracia


“La solución de los problemas técnicos no depende de una discusión pública. Más bien la discusión pública podría cuestionar el marco dentro del cual las tareas de gobierno sólo se presentan como tareas técnicas”. Una frase de Habermas que resume el contenido y el espíritu del último libro de Crisóstomo Pizarro, abogado, sociólogo y doctor en ciencia política de la Universidad de Glasgow.

Un texto ambicioso que aborda el conjunto de supuestos que, aceptados como verdades, están en la base del funcionamiento político-económico que ordena las modernas sociedades capitalistas.

Especialmente interesantes y pertinentes a nuestra realidad son los capítulos sobre la tecnocracia como ideología y sus manifestaciones en nuestro contexto político y económico. De otro modo, cuando la habilidad técnica se convierte en un argumento ideológico que, como valor supremo y máxima aspiración, ordena la vida social y cultural   hablamos de tecnocracia (y de sus líderes como tecnócratas).  Aquí la razón instrumental como método y la asepsia técnica como argumento y objetivo   reemplazan la discusión por la finalidad de la asociación política y la vida en común: “La ideología tecnocrática sirve de criterio para justificar la organización de la vida social sin la necesidad de recurrir a la interacción a través del lenguaje -diálogo, discusión, acuerdo-, limitándose así a razones meramente estratégicas e instrumentales”.

La tecnocracia como ideología reduce la discusión política al cálculo electoral por un lado, y a la acción estratégica y a los procedimientos por otro. La importancia que en los últimos años adquirió la política pública (o policys), promovida por el entusiasmo -hoy un poco cursi- de algunos entornos académicos y de gobierno, es el reflejo de una especie de metonimia perversa pero conveniente, donde el significado de un término, la política pública, se ha ido apropiando del significado de otro que les mayor y dentro de la cual esta última cabe, la política.

Sin embargo, la “política pública” se asemeja más a una rama de la ingeniería, un conjunto de procedimientos ordenados de acuerdo a un método para conseguir objetivos medibles y verificables; una herramienta valiosa que puede contribuir a la realización de una visión, pero que no es la visión. Por otra parte nos dice Pizarro, “la política es fundamentalmente una reflexión acerca de nuestra vida en común, es ponernos de acuerdo acerca de lo que es bueno para todos. Los asuntos políticos son distintos de los asuntos técnicos y científicos que regulan el sistema económico, y su resolución dependerá de los acuerdos que tomen los ciudadanos a través del lenguaje”. Y esto es básico porque ningún problema social, afirma el autor, se resuelva mediante la apelación a la ciencia, sino por convicciones. Y las convicciones pueden ser sustentadas en la ciencia, pero la ciencia no resuelve las selecciones de valor; son las personas las que se ponen de acuerdo en aquello que nos afecta a todos.

En la mayoría de los asuntos que componen la vida social, lo vemos a diario, el énfasis está puesto en cómo lograr metas para cumplir objetivos; un acento en los medios y la eficiencia. Quizás lo más grave es que este discurso permea todos los ámbitos de la vida cultural –el mundo de la vida- convirtiéndose en un valor central y en una aspiración simbólica que minimiza, excluye, incluso denosta cualquier idea o manifestación   que no esté en la lógica de la utilidad y la rentabilidad.

Las expresiones y consecuencias concretas de esta racionalidad son amplias y de distinto orden.  Sin embargo, lo relevante es que hemos sido obsecuentes en postergar de una forma inquietante la reflexión crítica y la discusión política.  Hemos tenido el mal gusto -ético y estético- de creer que las cifras y lo indicadores pueden decidir por si mismos, no sólo la finalidad de nuestra vida en común, sino también la medida de nuestras expectativas.


Monday, April 23, 2007

Esoterismo y Autoayuda

FÁCIL, DEMASÍADO FÁCIL
Por Andrés Aguirre
No es difícil denostar a todos estos nuevos "ismos", que han invadido en la última década los espacios de manifestación cultural y espiritual de la sociedad occidental, y cuyo objetivo común es fomentar, estimular y ayudar al desarrollo personal de la gente.
No es difícil porque, ciertamente, cada una de estas filosofías o ciencia ha caído en manos de la industria cultural, en este caso las editoriales, vendiendo recetas de felicidad tan desechables como dudosas en su efectividad, para el consumo masivo.
Sin embargo, es necesario, en vísperas del nuevo milenio, mantenerse despierto y con la mente abierta, pues hay que distinguir la paja del polvo, ya que entre tanto producto artificioso se deslizan, de vez en cuando, libros interesantes y reveladores.

Uno de ellos, editado hace ya un tiempo, es El celador (Editorial Martínez de Roca), de David Ovason, especialista en la influencia del pensamiento hermético sobre la literatura medieval. En una novela fascinante, el autor hace un repaso de los misterios herméticos y principios esotéricos que fueron comunes a grandes iniciados como Platón, San Agustín o Shakespeare.

Las órdenes secretas de caballería, de Victor Michelet, descubre con amenidad y con un conocimiento cabal el mundo sumergido de los caballeros medievales. En relación a los ejemplares de autoayuda, o sea los que dan consejos para la vida, mejor es remitirse a los clásicos, desde El arte de amar, de Ovidio, el primer libro para seducir mujeres, pasando por los textos sobre la felicidad de Schopenhauer o su Dialéctica erística (arte de discutir). En esta línea, las estrategias de combate del Arte de la guerra, de Tsun-su, se ha convertido en el libro de cabecera de los ejecutivos jóvenes, que lo aplican a sus negociaciones.

Ahora si lo que se quiere es conocer sobre budismo, taoísmo o Confucio y las fuentes parecen demasiado ambiguas o difíciles, hay buenas introducciones como las del japonés Suzuki en budismo zen, las de Allan Watts, las de Tom Cleary y los estudios comparativos (cristianismo-corrientes orientales) de Thomas Merton.

En budismo tibetano, El libro tibetano de la vida y de la muerte (Editorial Urano), de Sogyal Rimpoché, enfrenta el tema de la muerte recurriendo al libro tibetano, pero desde un vasto conocimiento de la cultura occidental. Las editoriales Kairós, Edaf, Abraxas y Oniro, tienen en general muy buenos textos sobre estos temas.

En materia de tarots, El tarot mítico, de Juliet Sharma-Burke y Liz Greene, además de ser estéticamente bonito, presenta a los arcanos mayores y sus caminos iniciáticos a través de escenas y personajes de la mitología griega, lo que le confiere una gran riqueza de imágenes y símbolos.

En Chile, el gurú de esta ciencia, conocido por sus libros y conferencias, es Alejandro Jodorowsky, quien parece dominar las claves profundas del tarot y las filosofías orientales. Uno de sus libros más interesantes es Psicomagia.
Ahí propone un método personal de sanación recogido de las más antiguas tradiciones del Oriente. El mercado da lo que la gente pide, y la gente pide, y esto es sintomático, recetas de felicidad. Libros que arrastran siglos de conocimiento y espiritualidad como el I Ching, El libro tibetano de los muertos, el Tao te king, o textos sobre budismo zen, por nombrar unos pocos, han sido reciclados por distintos autores para extraer fórmulas facilistas de autocrecimiento.
Lo que hacen con ello es despojar a estos textos de su contenido literario y de sus dificultades, que en el fondo son su esencia, para lanzar frases hechas con un sentido utilitario, de uso fácil e inmediato. Bebiendo de distintas fuentes, pero siguiendo este mismo principio, es lo que han hecho autores como Paulo Coelho con El alquimista, J.J. Benítez con El caballo de Troya o Deepak Chopra con Las siete leyes espirituales del éxito.
El engaño está en que no hay recetas universales y el conocimiento del hombre y su entorno requiere un grado de compromiso que, indefectiblemente, va de la mano con una reflexión permanente. El verdadero autoconocimiento entraña no pocas dificultades intelectuales y una cuota importante de sacrificio.

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Libros
INTIMIDAD, DE HANIF KUREISHI
Por su síntesis, su profundidad y su despiadada transparencia, esta novela debe ser una de las mejores de Hanif Kureishi. Nos somete, como dice muy acertadamente un crítico francés, a una feroz lección de humanidad.
Por la calidad de las plumas de los actuales escritores ingleses, parecen haber heredado en la sangre el talento narrativo de antecesores como Dickens, Jane Austen o Stevenson, por nombrar sólo algunos.
Hanif Kureishi, autor del Buda de los suburbios y Amor en tiempos tristes, caracterizado siempre por un estilo cinematográfico, en cuyos textos abundaban referencias a las drogas, al rock and roll y a la cultura de masas, ha dado un giro notorio a su literatura para expurgar todo elemento superfluo que no sea necesario al más íntimo desarrollo de la historia que nos va a contar. Si, efectivamente creyéramos en el progreso lineal de la especie humana, a este viraje podríamos llamarlo sin miedo evolución.
La acción de la historia es escasa, pero poco importa, porque todo su poder radica en el vértigo de la conciencia de un hombre, Jay, que ha tomado la decisión de dejar a su esposa y dos hijos una casa confortable y llena de flores para arrancar del tedio de una rutinaria vida marital. Ha dejado de amar a su mujer, la convivencia con ella se le ha hecho insoportable y sus principales dudas para dejarla son los hijos.
Aunque ya ha tomado la decisión y toda la novela es el repaso de su vida y las reflexiones en torno al amor para siempre que de alguna forma imponen los hijos, la certeza del daño que puede causar con esa elección y el hecho de resignarse a la infelicidad cotidiana.
En definitiva, una lucha abierta y cruda, sin ningún tapujo donde se dice todo lo que no debe decirse, entre la libertad y la responsabilidad que nos liga a los otros.
Como una crónica del fin del amor (¿y por qué se acaba el amor?, debería ser la pregunta de fondo) y el comienzo del odio, Kureishi retrata con inteligencia, y sin perder el humor tradición británica obliga, los desencantos de la madurez, las casi insalvables dificultades de la vida en pareja, las mezquindades, las negociaciones y las claudicaciones que nos impone la vida.
Ante las recriminaciones de su esposa, sacándole en cara los esfuerzos que ella hace diariamente para que él sea feliz, Jay llega a la siguiente conclusión: Ante ella me siento avergonzado. Pero la verdad es que no soy capaz de divertirla ni de animarla. Y, sin embargo, de entre toda la gente que hay en el mundo nos hemos elegido el uno al otro. ¿Para qué? Para una grave y difícil tarea: frustrarnos y castigarnos el uno al otro. Pero, ¿por qué? .

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Wednesday, December 13, 2006


La simple verdad es que sea cual sea el homenaje que se profese, y aun se rinda, a la real o supuesta superioridad mental, la tendencia general de las cosas a través del mundo es a hacer de la mediocridad el poder supremo en los hombres.

John Stuart Mill
Sobre la Libertad


Operadores
La amplia frontera gris

Hay una frontera amplia y gris que no permite distinguir con claridad a los operadores políticos de los políticos (generalmente coexisten). Por eso lo más fácil y también lo primero es comenzar la limpieza al interior del aparato público, por aquellos que la justicia determine que han cometido delito, es decir por aquellos en que claramente se pueda probar que han utilizado recursos del estado para beneficio propio o del partido al que pertenezcan, como actualmente sucede con algunos funcionarios de Chiledeportes. Pero, eso es sólo lo primero -y lo más urgente- porque el operador político no es sólo un individuo con una conducta determinada al cual se le encarcela, se despide o se le cesa el contrato y se extirpa para siempre del estado tal como un quiste o tumor se extirpa del cuerpo. El tema es más grave, el operador político obedece a una lógica, a una práctica y una forma de hacer política ampliamente extendida e instilada en los ministerios, servicios y programas que en los últimos años, y especialmente en lo que va de este gobierno, han florecido con la exuberancia, no la belleza claro está, de los ciruelos en primavera.

Razones hay muchas y de distinta densidad, profundidad y extensión. Sin embargo, una cosa es clara: cuando Bachelet decidió nombrar a sus ministros y subsecretarios sin apenas tomar en cuenta la recomendación de los partidos, éstos, como si se les apareciera el diablo, levantaron los teléfonos e hicieron funcionar la maquinaria para poner personas de sus filas en cuanto cargo fuera posible, incluso aquellos cargos que antes nunca tuvieron una gran demanda tales como jefes de comunicación, Jefes de de Gabinete de servicios regionales, etc.

Esta forma de hacer política está tan difundida y arraigada en las distintas esferas del gobierno que incluso forma parte del lenguaje cotidiano. Y ya sabemos que esto no es menor pues el lenguaje construye realidades. Recuerdo con claridad la impresión que me provocaron las palabras del Jefe de un Programa (socialista) con gran presupuesto, cuyo cargo estaba en entredicho y que en una reunión de trabajo planteó la tesis de que su cargo lo quería la DC porque ellos creían que ahí, en el Programa, había plata (Obviamente plata para el partido). Más allá de lo que dijo, que a esta altura de los hechos pudiera parecer una nimiedad, fue la manera segura, tranquila y llena de evidente cotidianidad con que lo expresó, como si alguien dijera “salgo a almorzar y vuelvo”. Sin embargo, a nadie pareció llamarle la atención.

Es grave además esta manera de entender la política porque aunque no haya un robo de dinero o incluso una desviación de fondos para intereses personales o partidarios, o sea evidente corrupción o claro clientelismo, los operadores reciben un sueldo del estado, (generalmente más de un millón de pesos) para realizar un trabajo que poco tiene que ver con los objetivos de política pública y de bien común. Su pega es facilitar el camino al poder o mantener y blindar a determinados autoridades que sirven con lealtad canina. Todo lo cual denigra el trabajo de gobierno y los objetivos de las más alta política.

Este es el caso de Andrés Farías, operador de Chile deportes, que en una reciente entrevista a un semanario, deja en evidencia una forma, ya no sólo de hacer, sino que de entender la política. En otras palabras política para él (y para tantos otros), es sinónimo de mantener aceitada la maquina partidaria, hacer valer las influencias, las presiones, el clientelismo y el pago de favores. Alta política, estrategias de desarrollo, crecimiento, equidad son sólo palabras útiles a la hora de prender la imaginación de los votantes, pero en la propia convicción y en el día a día de su trabajo son completamente ajenas a la racionalidad instrumental del voto y el poder que es para lo que ellos trabajan y para lo cual les pagamos. Lo peor al fin, es que estos personajes no son sólo actores secundarios o terciarios del aparato público, en muchos casos esta lógica pequeña y mezquina prima, en mayor o menor grado, en muchos altos directivos, parlamentarios e incluso ministros, decidores públicos encargados de llevar adelante las grande tareas que harán “progresar” al país.

¿Y después de todo esto existe alguna solución? La condición humana no cambia y es sensato tener claro que siempre habrá lugar para este tipo de prácticas. No obstante con voluntad se puedo reducir considerablemente su área de influencia, sobretodo de las posiciones directivas y así ir mejorando la calidad de la administración pública. El Informe sobre medidas para favorecer la probidad y eficiencia de la gestión, dirigido por Ministro de Economía Nicolás Ferreyro, hace un buen aporte al proponer revitalizar la función de el sistema de la Alta Dirección Pública (ADP), organismo que permite la concursabilidad de cargos y define las condiciones bajo las cuales se realizan estos concursos. Entre otras cosas la comisión recomienda “extender el sistema hacia todas las áreas del gobierno, incluyendo programas y servicios (designados antes directamente por los ministros) donde el responsable defina políticas y sea de designación directa del Presidente de la República o de otra autoridad política del gobierno, con los fines de construir una administración superior profesional, que favorezca la eficiencia, introduzca una práctica generalizada de rendición de cuentas y neutralice el clientelismo”. Elegir seriamente una terna de acuerdo al perfil para el cargo es un buen filtro para ponerle un coto a las influencias y al amiguismo de acuerdo a unos parámetros conocidos y públicos para la ciudadanía. Pero en último término es sólo un filtro pues es el ejecutivo, en este caso la Presidenta de la República, quien tiene la facultad y la responsabilidad de elegir de entre la terna recomendada por la alta dirección. De esta elección dependerá entonces, en última instancia, el que mejore la probidad, la transparencia, la gestión administrativa y la calidad de la política al interior del Estado.






Thursday, November 09, 2006

Política
Conozco al monstruo porque viví en sus entrañas

Por Andrés Aguirre

El pasado jueves 28 de septiembre, en el marco del seminario “La protección social en un mundo incierto” organizado por la Fundación 21, Michelle Bachelet decía en su discurso a propósito del país que queremos y de los valores que se persigue tras este modelo en términos de protección social y crecimiento que, “…a la larga se trata de una muy antigua y tradicional discusión política, pero no de esa política pequeña, de la cuña diaria, o de lo que éste dijo de éste o del otro, sino más bien de alta política, de modelo de sociedad, de ideales y de maneras de cómo llevamos a cabo estos ideales”. El discurso sigue en esta línea incluyendo citas de pensadores contemporáneos como Manuel Castells, Ulrich Beck y Anthony Giddens. Filósofos y sociólogos que probablemente sólo leyó quien hizo el discurso. Porque la realidad es que en los cuerpos transversales del gobierno lo que abunda no es precisamente la alta política sino justamente lo que en su discurso Bachelet llama pequeña política. En otras palabras hay una enorme distancia entre el contenido y las intenciones del discurso y la cultura y las prácticas de quienes son los encargados de diseñar e implementar las políticas públicas en los distintos sectores, o sea de llevar a cabo los “ideales” señalados.

Trabajé 4 años en un programa de gobierno vinculado a tres ministerios. Fue una experiencia interesante en muchos sentidos. No precisamente de una manera estética ni tampoco intelectual. Se aprende rápido que, aunque los objetivos de la política sean nobles, los procedimientos son miopes y mezquinos. Priman los intereses políticos por sobre la búsqueda del bien común. Se suele confundir la inteligencia con la astucia y el conocimiento con la eficiencia técnica. El repertorio cultural de las “autoridades” -jefes de servicio, jefes de división, directores de programa, etc.- es escandalosamente pobre. Abundan los tecnócratas y expertos de todo tipo, además de los operadores políticos. El pensamiento, en un sentido lato, es un bien escaso, y lo que es peor , es un bien sospechoso y disruptivo.

Todo esto es importante por varias razones. Se habla mucho de innovación, de creatividad de emprendimiento, pero al interior de los ministerios estos valores, en vez de ser reforzados, son sancionados no, claro está, con medidas explicitas, sino con conductas y actitudes que los inhiben. Lo anterior en psicología de la comunicación es lo que se llama el doble vínculo, es decir que con la palabra se estimula algo y con el gesto se le castiga. No hay salida. El resultado a la larga es la esquizofrenia.

Por otro lado, el hecho de que en muchos personeros de gobierno, que son políticamente correctos en las formas pero muy incorrectos en el fondo, impere la subordinación a los intereses del partido respectivo antes que la propia iniciativa o la capacidad de innovar, está en la base de viejas practicas culturales, como el clientelismo y el pago de favores, que obstaculizan el proceso de Modernización del estado y la probidad pública. Es cierto que Chile es el país latinoamericano con mejores grados de probidad en su administración tal como lo han señalado ya numerosos estudios internacionales. Sin embargo, el Informe de la Comisión Nacional de Ética Pública del año 1994 ya constataba que “en nuestro país hay prácticas de carácter cultural que son toleradas y aceptadas por todos los actores sociales y que en otros países han conducido a generar problemas de corrupción y por lo mismo se requiere una labor que prevenga y corrija dichas prácticas”. Lamentablemente, la realidad es que se hace muy poco para corregirlas, más bien se las soslaya.

En síntesis, la práctica ciudadana no es sólo, o no debiera ser sólo, una pose para la foto donde la autoridad de turno se sienta al lado del beneficiario, (mientras más cerca del suelo mejor), o un telón para colgar en los actos públicos ni una pura palabra en los discursos. Las buenas prácticas y el cambio de cultura –más alta política y menos pequeña política- deben ser consistentes desde dentro del estado para que realmente se transformen en herramientas de probidad, eficiencia y progreso y no en una endeble maqueta de cartón sin credibilidad ante la opinión pública.

Wednesday, September 20, 2006

Gonzalo Rojas:
“LA MUDANZA EN LA PERMANENCIA”
Por Andrés Aguirre

Ayer, en la Biblioteca Nacional, fue lanzado el último libro de la trilogía que reúne la poesía de Gonzalo Rojas publicados por la Dirección de Bibliotecas, archivos y museos. Los poemas de cada libro fueron agrupados según los tres motivos relevantes de su obra: la vertiente de lo erótico en “Que se ama cuando se ama”; la muerte en “Réquiem de la Mariposa”, y este último, “Al silencio” que recoge la veta de lo numinoso, lo sagrado, el enigma.
La calidad y belleza de los libros, con textos acompañados de sugerentes fotografías, representa un homenaje en vida a este gran poeta, sin duda uno de los más importantes de Latinoamérica.
Conversamos con él, siempre rítmico y silabeante, acerca de su poesía y éste, su último libro.

¿Qué importancia le asigna a esta trilogía, un proyecto, que hoy finaliza?

La consecutividad. En Chile todo se desmocha, todo se le olvida a la gente. Esa vivacidad de lo continuo es lo que me interesa a mi, por que lo que no tiene continuidad no tiene realidad. Eso me importa de sobre manera. En un país de tan escasa tradición como este no podemos andarnos cortando, desmochando. Hay que desatar un proceso, un proyecto, yo creo en eso. No sé como anden los jóvenes de hoy, pero me parece que están con ánimo de rescate también; quieren releer a algunos que se quedaron por los caminos de más atrás.

A propósito de lo anterior, se han publicado acá, en España y México, numerosas ediciones de su poesía. Usted es lejos uno de los poetas más editados y leídos, sobre todo por jóvenes ¿A qué lo atribuye?

Como animal poético se me da, claro, el testigo y cierto compromiso, porqué no. Pero además se me da el secreto. Entonces en mi funciona la crpticidad, lo críptico, que a veces llega a la hermeticidad y lo abierto, una especie de oscilación pendular, un vaivén, como de reloj antiguo. Yo creo que los muchachos de hoy día tienen una gracia entre muchas, y esa es que están descubriendo y redescubriendo, que como la poesía se hace con palabras y el lenguaje es el lenguaje quiérase o no, no es la oralidad barata la que preside este juego, sino la palabra con su preciosidad rítmica, la palabra respirada, la ritmicidad. Yo por ahí digo que mi poesía hay que leerla respiradamente. A los muchachos les llama la atención eso de no haberle cedido todo a las vanguardias. Yo me aparté muy rápido de un movimiento llamado “La Mandrágora”. Los encontré literatosos, sin ofender sus memorias ni sus cenizas.

En “Al Silencio” el motivo que reúne los poemas es lo sagrado, lo numinoso, mientras que en “Réquiem de la mariposa”, segundo volumen de la trilogía, lo es la muerte. Dos temas que muchas veces se cruzan. ¿Cómo fue ese trabajo?

No ha sido fácil, porque en mi ejercicio poético todo está prácticamente imbricado en una sola red o urdimbre. Claro, hay adentro, a veces, cuerdas que se unen, que se atan y que pueden también desatarse a veces. Hay visiones. Hay visiones que se aproximan hasta configurar una totalidad o semi totalidad. Yo no soy poeta de la totalidad, soy de inconclusiones. Pero en todo caso hay una barra: el Eros y el Thanatos, siempre la hubo, pregúntale a Darío si no me crees. Darío es un buen poeta del amor y hay siempre una mirada de la muerte. Entonces, no es tan fácil decir ‘esta es una línea autónoma totalmente desprendida de la visión visionaria del poeta’. Y no es nada raro que una de esas semi elegías – aunque yo no soy elegíaco- contengan, en gran medida, una visión enigmática que vendría a ser como la cifra misma de lo que llamamos sagrado, sacro. Esto sacro o sagrado, que es ajeno, distante a la ortodoxia religiosa. Eso se dio entre los griegos y distinto, aunque aproximante, a lo de los sufíes, que siempre me encantaron mucho. En todo caso el no sé es el que me funciona a mí más que el sé.

En todo caso, siempre en su poesía está la idea de volver a “lo Uno”.

Claro, está la búsqueda de lo Uno, es decir la mudanza pero en la permanencia. Pero no como un flujo literatoso, es el temple, el alma, el temperamento de uno.

Tuesday, August 01, 2006

Entrevista a Santiago Elordi

Londres ni París ni Talca

Por Andrés Aguirre

12 Devonshire street. Un día de julio del 2004. Numerosos invitados repletan la sala de estilo victoriano. Mozos, de impecable etiqueta, ofrecen pisco sour y vino a los comensales, en su mayoría chilenos becados, editores, traductores y académicos británicos. Entre ellos, coquetísima, Julie Christie se pasea moviendo los mejores 65 años que he visto nunca en una mujer. El embajador, con mas aspiración que elegancia fuma un puro para la foto a lado de la actriz inglesa. Alguien me advierte que por ahí anda Harold Pinter, dramaturgo al que nunca leí. Miro hacia el lado y un octogenario se empina, algo tembloroso, un pisco souer. Amable, como la mayoría de los ingleses, me saluda con un movimiento de cabeza. Tiene la piel pegada a los huesos y un par de ojeras que le bajan por los pómulos como dos cascadas violetas. Alguna vez vi un rostro parecido, aunque mucho más joven, en la contratapa de un libro. El primer secretario de la embajada me confirma que se trata del historiador británico Eric Hossbaown.

Ese era el ambiente en la embajada de Chile en Londres, cuando hace unos meses me encontré con el poeta Santiago Elordi, invitado a recitar unos versos de Neruda en homenaje a los 100 años de su natalicio.

Ahora, ya de vuelta en la capital de este perdido reino, nos juntamos con Elordi a compartir la nostalgia por el Támesis, los pubs y las mujeres de Londres, una ciudad de grandes parques y gente en Technicolor. Además, por cierto, a hablar algo de literatura, proyectos y de su último libro “Cartas a dios desde un prostíbulo”.
¿Te acuerdas de la lectura que hiciste en la embajada de Londres?
Claro, todas esos Lord ingleses comiendo choripanes, fantástico. Carlos Fuentes muy preciso, la Julie Christie, lindísima, mi querida heroína del Dr. Shivago. Sabes, tuve ganas de decirle, cásate conmigo, nos vamos a Chile, te llevare a conocer Tobalaba con Providencia, el Unimarc de Tobalaba con Providencia. Además hubo un dilema literario interesante. El embajador, Mariano Fernández, un gran tipo, me invito a leer un poema de Neruda ese día, acepte orgulloso como chileno. Yo no sabia que el poema se llamaba A mi Partido, había sido elegido y traducido por la máxima autoridad de Neruda aquí en Inglaterra, un profesor de Oxford. Le dije a la agregada Cultural que si leía ese poema me iba a salir falso, que no podía leer ningún poema a ningún partido, porque no creo en ningún partido, ni de fútbol, ni de nada. La cosa estaba complicada porque me había invitado, y me estaba haciendo el importante. Afortunadamente, se cambio el poema a “Mi Partido” por “Walking Around”.
Me dijiste que también fuiste invitado a leer tus poemas al Centro Cervantes de Londres ¿cómo fue eso?
Si, un escritor, Michael Luke, de 80 años, de la generación de Dylan Thomas, leyó algunos de mis Poemas de Viaje y de Amor traducidos al inglés. Le gustó a la audiencia, no hubo aplausos, los ingleses no son muy demostrativos, pero sé que les gustó porque comencé a recibir llamados de escritores que me invitaban a comer . En todo caso yo no leí mis poemas, no sé leer poemas, menos los míos, no he descubierto una forma de recitar como los poetas. Pero di una breve conferencia sobre la relación entre la palabra y la transformación de la materia. Luego un pequeño juego hacia la audiencia: Tomando el camino de la tradición Cristiana, pedí un vaso de agua e intente transformarlo en vino, “ojalá en un buen vino”, les dije. Advertí a la audiencia, que si la transformación se producía no se asustaran, era una posibilidad dentro de los poderes de la palabra.
¿Y convertiste el agua en vino?
No, claro que no, yo de mago no tengo nada, lo hice para demostrar que hoy la poesía se mueve en el ámbito del lenguaje. Sabemos que antes no fue así, en el Sánscrito, los poemas Homéricos, Virgilio, o en nuestros pueblos americanos donde todavía los chamanes curan por medio de la palabra. En todo caso luego de este juego con la audiencia, me hice unas preguntas: ¿Qué hubiese pasado si por medio de una tecnología engañosa, sin que la audiencia se hubiese dado cuenta, el agua se hubiese convertido en vino? Seria un Gurú aquí en Londres, desde luego, la gente quiere ídolos, siguen a la gente que tiene poderes: animadores que regalan autos, famosos cantantes que pueden andar en yate. Pero esa no es la idea del arte en general ¿no es cierto? Es mas bien una exploración personal hacia lo desconocido.
¿Y Por eso fuiste a Londres? ¿Cuánto te quedaste?
Casi 5 meses. En realidad fui a mostrar un documental que hicimos en Brasil con la pintora Kate Macdonald. Seguimos la ruta del explorador Fawcett que se perdió en el amazonas. Nunca encontramos a Fawcett pero leímos poemas y pintamos murales en las aldeas de Brasil. Eso aparece en el Documental que fue exhibido en un canal cable del Reino Unido. Luego comencé otro Documental en Inglaterra: seguimos a pie durante un mes la ruta de el escritor Dr. Jhonson y su secretario Boswell por los High Lands de Escocia. Cuéntame que hacías un día cualquiera en LondresPor lo general salía poco del departamento, el campamento base, como le decíamos, desde allí armábamos reuniones, esas cosas, buscar recursos para el segundo documental. Guardando las diferencias, estábamos como cuando Colon recorría las cortes de Europa tocando puertas para descubrir América. Cuando tenía tiempo salía a trotar. También me gustaba ir a una Iglesia anglicana de la esquina. Había una viejita escocesa en la entrada, Miss Robertson, ex alcohólica y apostadora en las carreras de galgos, muy simpática, me prestaba el piano, yo apenas sé tocar el piano, por eso me preocupaba de que no hubiese nadie en la iglesia, para no machacarle el oído a los pobres feligreses. Es increíble la cantidad de gente distinta que convive en esa ciudad...Se dice que Londres es la ciudad más cosmopolita del planeta, mas que Paris, Madrid, Nueva York. Es algo paradójico, sabes, porque en esta apariencia de mega polis la gente vive en submundos. Hay barrios especiales de artistas, de musulmanes, clubes privados de la aristocracia, pubs especiales para gente de Media. Con anteojos, pelos verdes o túnicas, todos llevan uniformes y habitan en celdas. El que puede entrar y salir de las celdas es el que disfruta de la diversidad. La mayoría no tiene esa posibilidad. El punto de vista depende de la mirada. Sabemos que también que se puede ser universal en una aldea. No hay mas que leer a Teillier.
¿Qué otra cosa te impresionó de la ciudad?
Mira, una vez al año aquí en Inglaterra hay un tipo de hormigas que sacan alas y vuelan. Un día, que estaba húmedo, caliente, tropical como si Londres fuera Brasil, andaban las hormigas volando por todos lados, entonces mi amiga Kate dijo de repente: “El día que vuelan las hormigas”, esa es una frase bellísima, frases así no aparecen todos los días, con esa línea o verso se pueden construir muchas cosas ¿ no te parece?
Absolutamente. Y hablando de literatura, además de poemas tu has hecho periodismo, documentales, cuento, novela, programas de TV, hay un conocido dicho que dice que quien mucho abarca poco aprieta ¿Qué piensas?
Claro, es terrible, no sé que hacer, a veces pienso, me voy a concentrar en escribir, en la carrera literaria, nada mas, pero luego me aburre esa opción. Sabes, es que tal vez, con todas mis limitaciones, busco hacer lo que me dé la gana. En Londres por ejemplo le mandaba correos electrónicos a todo el mundo, que sé yo, a mi mamá le describía la ciudad, a mi hijo le inventaba que encontré la espada Excalibur. El mail tiene algo instantáneo, breve, sintético. Es curioso, por lo general la gente no devuelve las llamadas por teléfono, pero sí los e mails. Ahí puedes escribir sintiéndote que no estas haciendo un poema, tampoco una carta, literatura. Yo busco esa zona indeterminada , ahí me siento cómodo, y de ahí puede salir un poema, un cuento, un diario, una novela, la letra de una canción. Eso sí, cuando entro en algo me gusta tocar mi propio limite, caer agotado, de manera obsesiva, compulsiva. El otro día mi amigo Beltrán Mena me mando un email diciendo que una de las pocas cosas que ha descubierto en la vida, es que en cualquier intento artístico debemos ser fieles a nuestro carácter. Es la única garantía de consistencia. Lograr la consistencia es todo lo a lo que podemos aspirar. Logrado eso, tenemos una chance de pasar al otro lado. Sólo entonces. Pero ahí ya nada depende de nosotros. Con esto de emprender tantos y distintos proyectos, muchas veces cuesta arriba ¿has pensado en dedicarte a otra cosa? Todo el tiempo lo pienso. Sobre todo el Domingo en la tarde, se viene el mundo encima, todo pierde sentido, entonces sueñas con tener un Quiosco para vender cigarrillos como proponía Ezra Pound. Si, todos los domingos pienso en mandar el arte a la mierda. Pero no sé cómo, siempre llega el Lunes, entonces parece que soy escritor. Lo que no es fácil, aunque algunos crean lo contrario
¿Tú eres de los que sufre cuando escribe?
No, de hecho reconozco que entre los grandes amores, los hermosos paisajes, el cariño de los hijos, los amigos, nunca lo he pasado tan bien como escribiendo. No en el sentido de felicidad sino de plenitud, intensidad. Y como disfrutas tanto ese estado, vuelves a cada rato, que sé yo, de mil formas diferentes, es como una droga, una anestesia. A veces también escribes para no ver a realidad que te rodea; entonces comienzas a escribir puras porquerías, y aunque todos te celebren, en el fondo tu sabes que son porquerías. Es un desafío escribir, necesitas entrar en un estado, pero a veces la realidad te lo impide, las cuentas, las obligaciones, etc, aunque parezca frío decirlo, tu piensas que todo cambiará con dinero. De ahí la otra ilusión de conquistar la libertad como escritor por medio de vender libros. Vivimos en una sociedad capitalista, pese a que nos cueste aceptarlo, donde el Dios más importante que se adora es el dinero. Yo creo que vivir esta tensión es propia de un escritor, poeta, pintor, cineasta, artista, el nombre da lo mismo. Pero solo de aquella tensión puede salta la chispa.
Hace poco fue publicada tu última novela “Cartas a dios desde un prostíbulo” parte de ella transcurre en Londres ¿Habías estado antes allí?
No, nunca antes había estado en Londres. Mira, en esto hay algo bien curioso. Con “La Caravana” me paso lo mismo, sabes. Hay un capítulo donde el protagonista se acuesta con una puta de nombre Lupita en México. Bueno, cuando yo lo escribí tampoco conocía México. Años después fui a México, y en Guadalajara conocí en un bar a una Lupita, era igual a la mujer de la novela que había imaginado. Le dije bromeando, “sabes, yo te inventé antes conocerte”, y le pasé la novela pero ella no sabía leer En Londres me pasó lo mismo, un día fui a conocer el barrio de Saint Jhons Wood donde transcurre el final de Las Cartas a Dios, de pronto, frente al estudio Abbey Road donde grabaron los Beatles, paso una elegante anciana muy parecida a La Baronesa de la novela, esta vez no seguí a la señora… En tu nueva novela, que trata de un grupo de amigos, que fundan un prostíbulo para atender mujeres, los personajes aparecen como héroes de una edad de oro perdida, entregando gratuitamente sus favores, sexuales, intelectuales o artísticos
¿Qué quisiste mostrar o decir con eso?
Mira, quise escribir en prosa un poema de amor y su imposible practica en estos tiempos. Tras la aventura del prostíbulo masculino hay un diseño conciente. El patrón en este caso fue el Quijote, sabemos que Cervantes era un fiel lector de novelas de caballería, pero ese mundo ideal de caballeros héroes ya no opera en el siglo 16, y el “Manco de Lepanto” hace una delirante parodia dando nacimiento a la novela moderna. Guardando las diferencias, durante años mi pasión fue la poesía de amor trovadoresca del siglo doce, de allí arranca todo el amor como lo entendemos en Occidente: el ideal , elegir un amor entre todos, el mito del andrógeno, etc En la novela, fíjate que todas las acciones del prostíbulo están basado en una cultura libresca, el protagonista puto se siente poeta, quiere recuperar el ideal de amor, curar las heridas de las clientas para que vuelvan a creer en el amor, pero finalmente la aventura termina en desastre personal.
En tus novelas y poemas los sueños se desploman, como se desploman las utopías. En la novela, el fracaso del narrador y del prostíbulo mismo que él inaugura, ¿ puede ser visto como la imposibilidad del amor absoluto?
Claro, al personaje que le escribe las cartas a Dios, se le viene el mundo abajo, sus amores, amigos, lecturas, incluso su idea de Dios. Se le vienen abajo todas sus construcciones. Es cierto, los sueños caen pero algo ha quedado en esa caída. Pero nada cambia, ni el mundo cambia, ni él cambia. Por lo demás nadie se entera de la derrota del personaje.Precisamente eso que dices, es la tensión de la novela, me interesan los pequeños espacios heroicos personales. No importa que nada cambie, que nadie sepa lo que hemos vivido, lo importante es que lo vivimos, y ya no somos los mismos. Las derrotas personales son una metáfora de la condición humana. Los fracasos como una posibilidad de entrar en nosotros mismos y en los demás; la muerte como un ciclo de renovación, no veo por el momento otra forma de comprender o construir nuestra realidad.












Libros
OTRA PINTURA DEL INFIERNO

"LA OSCURIDAD EXTERIOR" de Cormac McCarthy:
Por Andrés Aguirre M

Cormac McCarthy nació en 1933 en el estado de Rhode Island y creció en Tennessee. Las circunstancias de su vida se hallan envueltas, como la de otros de sus compatriotas (recordemos sino a J.D Salinger), en el mito: no concede entrevistas, se dice que vivió bajo una torre de perforación petrolífera y que en su juventud llevó la vida de un vagabundo. Con la publicación en 1992 de Todos los hermosos caballos gano el National Book Award, revelándose como uno de los autores con mayor fuerza de la narrativa americana. Sus descripciones, verdaderas pinturas góticas del paisaje norteamericano, la potencia de sus personajes y el retrato brutal de la violencia elevada a la categoría de arte lo convirtieron en un escritor de talla universal.
Hace un par de años, cuando se editó en español Meridiano de Sangre (1985 en inglés), los pocos ejemplares que había importado una librería de Providencia, se agotaron, no obstante su elevado valor -es una librería tan buena como cara- rápidamente. Unos cuantos lectores enterados compraron el libro que luego devoraron con avidez carnívora. Sospecho que muchos de ellos habían leído la impresionante crítica hecha por Harold Bloom en sus ensayos Cómo y por qué leer, donde escribe un verdadero panegírico de McCarthy y de su obra cúlmine.: “Cormac Mccarthy es un digno discípulo de Melville y Faulkner. Arriesgo que ningún otro novelista vivo, ni siquiera Thomas Pynchon nos ha dado un libro tan fuerte y memorable como Meridiano de sangre. Tampoco la reciente trilogía de la frontera del propio Mccarthy –que empieza con la soberbia Todos los hermosos caballos- ha igualado esta obra, insuperable culminación del western”.
A la galería de personajes memorables de la literatura universal y específicamente de la norteamericana, se vino a sumar el profético Juez Holden de Meridiano de sangre. No existe personaje parecido ni en los libros ni en el cine norteamericano de este género. No hay otro de dimensiones tan fabulosas y exuberantes; un demiurgo del mal, asesino, sabio, políglota y pontificador que en su rifle bañado en plata lleva inscrito sobre su nombre el lema: Et in Arcadia ego. Teórico de la guerra perpetua, el Juez nos parece un espectro inmortal, un villano de Shakespeare recorriendo la frontera entre Texas y México, poniendo al hombre en su mísero lugar. Su discurso, el de un Maquiavelo con elevaciones metafísicas dejaría pasmado al pacifista en estado ingenuo que cree que la paz es el estado natural de las cosas y la guerra sólo un accidente: “Tal es la naturaleza de la guerra, cuya apuesta es a la vez juego, autoridad y justificación. Vista así, la guerra es la forma más sincera de adivinación. Es la prueba de la voluntad propia y de la voluntad de otro dentro de esa voluntad mayor que al enlazarlas está forzada a elegir. La guerra es el juego definitivo porque en definitiva impone la realidad de la existencia”. La complejidad y fuerza de este personaje son la culminación, los bosquejos acabados de ciertos perfiles dramáticos que ya anunciaban sus textos anteriores, especialmente La oscuridad exterior, su segunda novela, publicada en Estados Unidos en 1968.

Incesto

A finales del siglo XIX, en algún lugar de los montes Apalaches y en una choza mísera rodeada por oscuros bosques una mujer da a luz un hijo de su propio hermano. Este abandona al bebé en el bosque y le dice que el niño ha muerto por causa natural. Al descubrir la mentira ella e escapa para buscar a su hijo. Hasta aproximarse a un final misterioso y apocalíptico, ambos hermanos deambulan por separado, ella buscando al niño, él buscándola a ella. mientras son hostigados por tres aterradores y extraños desconocidos
Tanto los personajes principales, Culla Holme y su hermana Rhinty, son seres ignorantes, pobres, semi bárbaros que parecen cargar sólo con el pecado original de nacer. El niño, producto de esta relación incestuosa, es la prueba incriminatoria de un pecado más sin posibilidades de redención. El camino para encontrarlo va a ser una penosa marcha donde no hay nada que buscar, una vuelta en círculos prefigurado por el destino que sólo acaba con la muerte. Cada personaje que aparece en el camino es un búho ominoso que señala con sus ojos redondos y fijos la misma dirección.
Los tres desconocidos con que en su recorrido se encuentra Culla Holme, según los presenta McCarthy, pueden parecer a primera vista tres ex presidarios o parte de una de esas pandillas de ladrones y asesinos legendarios del Oeste americano, sin embargo no tardamos mucho en darnos cuenta que se acercan más a demonios atemporales disfrazados, que han venido a consumar un sacrificio cuya víctima expiatoria ya ha sido elegida. El jefe del grupo -“Llevaba puesto un deformado traje oscuro que no habría podido abrocharse y una camisa con un pañuelo, quizás un trapo anudado al cuello. La cara emergía colorada ceñuda de una gran barba negra”- interroga a Culla como si supiera todo sobre él. En este personaje, dueño de una perversión sobrenatural, cruel e inquisitivo, se anuncian ya las características del juez Holden de Meridiano de sangre. Mezcla de predicador protestante y juez arbitrario, enviado omnipotente de los tribunales del infierno; un heraldo de horrores inminentes.
En general, la presencia de predicadores, iglesias y referencias textuales de la Biblia en boca de los personajes no demuestran otra cosa que la tremenda influencia que ha tenido la biblia en la literatura norteamericana. La tradición pastoral comienza en Norteamérica con la llegada de los colonos protestantes y su ramificación de pequeñas iglesias que profesan mantener sólo la palabra escrita, la Biblia, como fundamento de fe. Ésta caló hondo y moldeó la cultura del país del norte. Su herencia: unos valores que oscilan entre los parámetros más bien rígidos del deber moral y la culpa. En el plano literario esta herencia ha sido abono para grandes obras literarias. MacCarthy, alumbrado por esta tradición, en los últimos capítulos de la novela nos entrega una escena que funciona como el prólogo del abismo a través del diálogo delirante que mantiene Culla con un porquero que aparece, junto a sus cerdos, en el camino:
“-Una vez se lo oí decir a un predicador, el tipo estaba muy enterado. Dijo que el diablo tenía las patas como los cerdos. Y que lo ponía la Biblia, así que será verdad.
-Supongo.
-Dijo que por eso los judíos nunca comen cerdo.
-¿Qué son los judíos?
-Uno de esos pueblos antiguos que salen en la Biblia. Pero eso no incluye a los Mulefoot (tipo de cerdos) ¿A usted qué le parece?
-No lo sé, dijo Holme. ¿El qué?
-¿Son cerdos o no los son? Según la Biblia.
-Yo creo que un cerdo serìa un cerdo aunque no tuviera patas.
-Lo mismo creo yo. Si señor. Eso le hace recapacitar a uno sobre la Biblia y sobre los cerdos ¿No le parece?”

Último encuentro

No es hasta en los últimos capítulos del libro luego de que, por separado, Culla Holme y su hermana han recorrido un largo y fatigoso camino (consignemos que también para el lector es un tramo largo y fatigoso) que se abre todo el talento expresivo de McCarthy y su poética violencia. El segundo y último encuentro de Culla con los tres hombres (no sabemos cuanto tiempo ha pasado desde el último encuentro, lo que aumenta la sensación de extrañeza) parece una escena extraído dela Divina comedia actuándose en el lejano Oeste: “Hola dijo el de la barba. Hacía rato que no se te veía el pelo. Los miró. Llevaban la misma ropa, estaban sentados en idénticas posturas, dotados de la redundancia de un sueño. Como aparecidos que se encuentran en tierras devastadas por la fiebre: espectrales, palpables como la piedra. Miró al niño. Tenía una quemadura antigua a lo largo de un costado y la piel arrugada y apergaminada como la un viejo. Estaba desnudo y cubierto de una costra de polvo que le hacía parecer peludo y cuando el niño se volvió para mirarle vio una cuenca roja y fiera sin ojo que parecía la boca del horno de un cerebro en llamas. Apartó la vista”. Lo que sigue es epifanía y sacrificio; Evocación de imágenes mitológicas recortadas contra el ocaso rojo y polvoriento de los Apalaches.

La oscuridad exterior de Cormac Mccarty es, como unidad, muy inferior a Meridiano de sangre. Sin embargo, en las últimas cuarenta páginas vemos con claridad el germen que 17 años más tarde dará vida a esa gran novela. Sólo por eso, vale la pena leerla.


Ficha

La oscuridad exterior
Cormac McCarthy
Debate ediciones
Barcelona
2002
216 págs.