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andresaguirre
Wednesday, October 27, 2010
“La solución de los problemas técnicos no depende de una discusión pública. Más bien la discusión pública podría cuestionar el marco dentro del cual las tareas de gobierno sólo se presentan como tareas técnicas”. Una frase de Habermas que resume el contenido y el espíritu del último libro de Crisóstomo Pizarro, abogado, sociólogo y doctor en ciencia política de
Monday, April 23, 2007
Uno de ellos, editado hace ya un tiempo, es El celador (Editorial Martínez de Roca), de David Ovason, especialista en la influencia del pensamiento hermético sobre la literatura medieval. En una novela fascinante, el autor hace un repaso de los misterios herméticos y principios esotéricos que fueron comunes a grandes iniciados como Platón, San Agustín o Shakespeare.
Las órdenes secretas de caballería, de Victor Michelet, descubre con amenidad y con un conocimiento cabal el mundo sumergido de los caballeros medievales. En relación a los ejemplares de autoayuda, o sea los que dan consejos para la vida, mejor es remitirse a los clásicos, desde El arte de amar, de Ovidio, el primer libro para seducir mujeres, pasando por los textos sobre la felicidad de Schopenhauer o su Dialéctica erística (arte de discutir). En esta línea, las estrategias de combate del Arte de la guerra, de Tsun-su, se ha convertido en el libro de cabecera de los ejecutivos jóvenes, que lo aplican a sus negociaciones.
Ahora si lo que se quiere es conocer sobre budismo, taoísmo o Confucio y las fuentes parecen demasiado ambiguas o difíciles, hay buenas introducciones como las del japonés Suzuki en budismo zen, las de Allan Watts, las de Tom Cleary y los estudios comparativos (cristianismo-corrientes orientales) de Thomas Merton.
En budismo tibetano, El libro tibetano de la vida y de la muerte (Editorial Urano), de Sogyal Rimpoché, enfrenta el tema de la muerte recurriendo al libro tibetano, pero desde un vasto conocimiento de la cultura occidental. Las editoriales Kairós, Edaf, Abraxas y Oniro, tienen en general muy buenos textos sobre estos temas.
En materia de tarots, El tarot mítico, de Juliet Sharma-Burke y Liz Greene, además de ser estéticamente bonito, presenta a los arcanos mayores y sus caminos iniciáticos a través de escenas y personajes de la mitología griega, lo que le confiere una gran riqueza de imágenes y símbolos.
En Chile, el gurú de esta ciencia, conocido por sus libros y conferencias, es Alejandro Jodorowsky, quien parece dominar las claves profundas del tarot y las filosofías orientales. Uno de sus libros más interesantes es Psicomagia.
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Wednesday, December 13, 2006
John Stuart Mill
Sobre la Libertad
Operadores
La amplia frontera gris
Hay una frontera amplia y gris que no permite distinguir con claridad a los operadores políticos de los políticos (generalmente coexisten). Por eso lo más fácil y también lo primero es comenzar la limpieza al interior del aparato público, por aquellos que la justicia determine que han cometido delito, es decir por aquellos en que claramente se pueda probar que han utilizado recursos del estado para beneficio propio o del partido al que pertenezcan, como actualmente sucede con algunos funcionarios de Chiledeportes. Pero, eso es sólo lo primero -y lo más urgente- porque el operador político no es sólo un individuo con una conducta determinada al cual se le encarcela, se despide o se le cesa el contrato y se extirpa para siempre del estado tal como un quiste o tumor se extirpa del cuerpo. El tema es más grave, el operador político obedece a una lógica, a una práctica y una forma de hacer política ampliamente extendida e instilada en los ministerios, servicios y programas que en los últimos años, y especialmente en lo que va de este gobierno, han florecido con la exuberancia, no la belleza claro está, de los ciruelos en primavera.
Razones hay muchas y de distinta densidad, profundidad y extensión. Sin embargo, una cosa es clara: cuando Bachelet decidió nombrar a sus ministros y subsecretarios sin apenas tomar en cuenta la recomendación de los partidos, éstos, como si se les apareciera el diablo, levantaron los teléfonos e hicieron funcionar la maquinaria para poner personas de sus filas en cuanto cargo fuera posible, incluso aquellos cargos que antes nunca tuvieron una gran demanda tales como jefes de comunicación, Jefes de de Gabinete de servicios regionales, etc.
Esta forma de hacer política está tan difundida y arraigada en las distintas esferas del gobierno que incluso forma parte del lenguaje cotidiano. Y ya sabemos que esto no es menor pues el lenguaje construye realidades. Recuerdo con claridad la impresión que me provocaron las palabras del Jefe de un Programa (socialista) con gran presupuesto, cuyo cargo estaba en entredicho y que en una reunión de trabajo planteó la tesis de que su cargo lo quería la DC porque ellos creían que ahí, en el Programa, había plata (Obviamente plata para el partido). Más allá de lo que dijo, que a esta altura de los hechos pudiera parecer una nimiedad, fue la manera segura, tranquila y llena de evidente cotidianidad con que lo expresó, como si alguien dijera “salgo a almorzar y vuelvo”. Sin embargo, a nadie pareció llamarle la atención.
Es grave además esta manera de entender la política porque aunque no haya un robo de dinero o incluso una desviación de fondos para intereses personales o partidarios, o sea evidente corrupción o claro clientelismo, los operadores reciben un sueldo del estado, (generalmente más de un millón de pesos) para realizar un trabajo que poco tiene que ver con los objetivos de política pública y de bien común. Su pega es facilitar el camino al poder o mantener y blindar a determinados autoridades que sirven con lealtad canina. Todo lo cual denigra el trabajo de gobierno y los objetivos de las más alta política.
Este es el caso de Andrés Farías, operador de Chile deportes, que en una reciente entrevista a un semanario, deja en evidencia una forma, ya no sólo de hacer, sino que de entender la política. En otras palabras política para él (y para tantos otros), es sinónimo de mantener aceitada la maquina partidaria, hacer valer las influencias, las presiones, el clientelismo y el pago de favores. Alta política, estrategias de desarrollo, crecimiento, equidad son sólo palabras útiles a la hora de prender la imaginación de los votantes, pero en la propia convicción y en el día a día de su trabajo son completamente ajenas a la racionalidad instrumental del voto y el poder que es para lo que ellos trabajan y para lo cual les pagamos. Lo peor al fin, es que estos personajes no son sólo actores secundarios o terciarios del aparato público, en muchos casos esta lógica pequeña y mezquina prima, en mayor o menor grado, en muchos altos directivos, parlamentarios e incluso ministros, decidores públicos encargados de llevar adelante las grande tareas que harán “progresar” al país.
¿Y después de todo esto existe alguna solución? La condición humana no cambia y es sensato tener claro que siempre habrá lugar para este tipo de prácticas. No obstante con voluntad se puedo reducir considerablemente su área de influencia, sobretodo de las posiciones directivas y así ir mejorando la calidad de la administración pública. El Informe sobre medidas para favorecer la probidad y eficiencia de la gestión, dirigido por Ministro de Economía Nicolás Ferreyro, hace un buen aporte al proponer revitalizar la función de el sistema de la Alta Dirección Pública (ADP), organismo que permite la concursabilidad de cargos y define las condiciones bajo las cuales se realizan estos concursos. Entre otras cosas la comisión recomienda “extender el sistema hacia todas las áreas del gobierno, incluyendo programas y servicios (designados antes directamente por los ministros) donde el responsable defina políticas y sea de designación directa del Presidente de la República o de otra autoridad política del gobierno, con los fines de construir una administración superior profesional, que favorezca la eficiencia, introduzca una práctica generalizada de rendición de cuentas y neutralice el clientelismo”. Elegir seriamente una terna de acuerdo al perfil para el cargo es un buen filtro para ponerle un coto a las influencias y al amiguismo de acuerdo a unos parámetros conocidos y públicos para la ciudadanía. Pero en último término es sólo un filtro pues es el ejecutivo, en este caso la Presidenta de la República, quien tiene la facultad y la responsabilidad de elegir de entre la terna recomendada por la alta dirección. De esta elección dependerá entonces, en última instancia, el que mejore la probidad, la transparencia, la gestión administrativa y la calidad de la política al interior del Estado.
Thursday, November 09, 2006
Conozco al monstruo porque viví en sus entrañas
Por Andrés Aguirre
El pasado jueves 28 de septiembre, en el marco del seminario “La protección social en un mundo incierto” organizado por la Fundación 21, Michelle Bachelet decía en su discurso a propósito del país que queremos y de los valores que se persigue tras este modelo en términos de protección social y crecimiento que, “…a la larga se trata de una muy antigua y tradicional discusión política, pero no de esa política pequeña, de la cuña diaria, o de lo que éste dijo de éste o del otro, sino más bien de alta política, de modelo de sociedad, de ideales y de maneras de cómo llevamos a cabo estos ideales”. El discurso sigue en esta línea incluyendo citas de pensadores contemporáneos como Manuel Castells, Ulrich Beck y Anthony Giddens. Filósofos y sociólogos que probablemente sólo leyó quien hizo el discurso. Porque la realidad es que en los cuerpos transversales del gobierno lo que abunda no es precisamente la alta política sino justamente lo que en su discurso Bachelet llama pequeña política. En otras palabras hay una enorme distancia entre el contenido y las intenciones del discurso y la cultura y las prácticas de quienes son los encargados de diseñar e implementar las políticas públicas en los distintos sectores, o sea de llevar a cabo los “ideales” señalados.
Trabajé 4 años en un programa de gobierno vinculado a tres ministerios. Fue una experiencia interesante en muchos sentidos. No precisamente de una manera estética ni tampoco intelectual. Se aprende rápido que, aunque los objetivos de la política sean nobles, los procedimientos son miopes y mezquinos. Priman los intereses políticos por sobre la búsqueda del bien común. Se suele confundir la inteligencia con la astucia y el conocimiento con la eficiencia técnica. El repertorio cultural de las “autoridades” -jefes de servicio, jefes de división, directores de programa, etc.- es escandalosamente pobre. Abundan los tecnócratas y expertos de todo tipo, además de los operadores políticos. El pensamiento, en un sentido lato, es un bien escaso, y lo que es peor , es un bien sospechoso y disruptivo.
Todo esto es importante por varias razones. Se habla mucho de innovación, de creatividad de emprendimiento, pero al interior de los ministerios estos valores, en vez de ser reforzados, son sancionados no, claro está, con medidas explicitas, sino con conductas y actitudes que los inhiben. Lo anterior en psicología de la comunicación es lo que se llama el doble vínculo, es decir que con la palabra se estimula algo y con el gesto se le castiga. No hay salida. El resultado a la larga es la esquizofrenia.
Por otro lado, el hecho de que en muchos personeros de gobierno, que son políticamente correctos en las formas pero muy incorrectos en el fondo, impere la subordinación a los intereses del partido respectivo antes que la propia iniciativa o la capacidad de innovar, está en la base de viejas practicas culturales, como el clientelismo y el pago de favores, que obstaculizan el proceso de Modernización del estado y la probidad pública. Es cierto que Chile es el país latinoamericano con mejores grados de probidad en su administración tal como lo han señalado ya numerosos estudios internacionales. Sin embargo, el Informe de la Comisión Nacional de Ética Pública del año 1994 ya constataba que “en nuestro país hay prácticas de carácter cultural que son toleradas y aceptadas por todos los actores sociales y que en otros países han conducido a generar problemas de corrupción y por lo mismo se requiere una labor que prevenga y corrija dichas prácticas”. Lamentablemente, la realidad es que se hace muy poco para corregirlas, más bien se las soslaya.
En síntesis, la práctica ciudadana no es sólo, o no debiera ser sólo, una pose para la foto donde la autoridad de turno se sienta al lado del beneficiario, (mientras más cerca del suelo mejor), o un telón para colgar en los actos públicos ni una pura palabra en los discursos. Las buenas prácticas y el cambio de cultura –más alta política y menos pequeña política- deben ser consistentes desde dentro del estado para que realmente se transformen en herramientas de probidad, eficiencia y progreso y no en una endeble maqueta de cartón sin credibilidad ante la opinión pública.
Wednesday, September 20, 2006
“LA MUDANZA EN LA PERMANENCIA”
Por Andrés Aguirre
Ayer, en la Biblioteca Nacional, fue lanzado el último libro de la trilogía que reúne la poesía de Gonzalo Rojas publicados por la Dirección de Bibliotecas, archivos y museos. Los poemas de cada libro fueron agrupados según los tres motivos relevantes de su obra: la vertiente de lo erótico en “Que se ama cuando se ama”; la muerte en “Réquiem de la Mariposa”, y este último, “Al silencio” que recoge la veta de lo numinoso, lo sagrado, el enigma.
La calidad y belleza de los libros, con textos acompañados de sugerentes fotografías, representa un homenaje en vida a este gran poeta, sin duda uno de los más importantes de Latinoamérica.
Conversamos con él, siempre rítmico y silabeante, acerca de su poesía y éste, su último libro.
¿Qué importancia le asigna a esta trilogía, un proyecto, que hoy finaliza?
La consecutividad. En Chile todo se desmocha, todo se le olvida a la gente. Esa vivacidad de lo continuo es lo que me interesa a mi, por que lo que no tiene continuidad no tiene realidad. Eso me importa de sobre manera. En un país de tan escasa tradición como este no podemos andarnos cortando, desmochando. Hay que desatar un proceso, un proyecto, yo creo en eso. No sé como anden los jóvenes de hoy, pero me parece que están con ánimo de rescate también; quieren releer a algunos que se quedaron por los caminos de más atrás.
A propósito de lo anterior, se han publicado acá, en España y México, numerosas ediciones de su poesía. Usted es lejos uno de los poetas más editados y leídos, sobre todo por jóvenes ¿A qué lo atribuye?
Como animal poético se me da, claro, el testigo y cierto compromiso, porqué no. Pero además se me da el secreto. Entonces en mi funciona la crpticidad, lo críptico, que a veces llega a la hermeticidad y lo abierto, una especie de oscilación pendular, un vaivén, como de reloj antiguo. Yo creo que los muchachos de hoy día tienen una gracia entre muchas, y esa es que están descubriendo y redescubriendo, que como la poesía se hace con palabras y el lenguaje es el lenguaje quiérase o no, no es la oralidad barata la que preside este juego, sino la palabra con su preciosidad rítmica, la palabra respirada, la ritmicidad. Yo por ahí digo que mi poesía hay que leerla respiradamente. A los muchachos les llama la atención eso de no haberle cedido todo a las vanguardias. Yo me aparté muy rápido de un movimiento llamado “La Mandrágora”. Los encontré literatosos, sin ofender sus memorias ni sus cenizas.
En “Al Silencio” el motivo que reúne los poemas es lo sagrado, lo numinoso, mientras que en “Réquiem de la mariposa”, segundo volumen de la trilogía, lo es la muerte. Dos temas que muchas veces se cruzan. ¿Cómo fue ese trabajo?
No ha sido fácil, porque en mi ejercicio poético todo está prácticamente imbricado en una sola red o urdimbre. Claro, hay adentro, a veces, cuerdas que se unen, que se atan y que pueden también desatarse a veces. Hay visiones. Hay visiones que se aproximan hasta configurar una totalidad o semi totalidad. Yo no soy poeta de la totalidad, soy de inconclusiones. Pero en todo caso hay una barra: el Eros y el Thanatos, siempre la hubo, pregúntale a Darío si no me crees. Darío es un buen poeta del amor y hay siempre una mirada de la muerte. Entonces, no es tan fácil decir ‘esta es una línea autónoma totalmente desprendida de la visión visionaria del poeta’. Y no es nada raro que una de esas semi elegías – aunque yo no soy elegíaco- contengan, en gran medida, una visión enigmática que vendría a ser como la cifra misma de lo que llamamos sagrado, sacro. Esto sacro o sagrado, que es ajeno, distante a la ortodoxia religiosa. Eso se dio entre los griegos y distinto, aunque aproximante, a lo de los sufíes, que siempre me encantaron mucho. En todo caso el no sé es el que me funciona a mí más que el sé.
En todo caso, siempre en su poesía está la idea de volver a “lo Uno”.
Claro, está la búsqueda de lo Uno, es decir la mudanza pero en la permanencia. Pero no como un flujo literatoso, es el temple, el alma, el temperamento de uno.
Tuesday, August 01, 2006
Londres ni París ni Talca
12 Devonshire street. Un día de julio del 2004. Numerosos invitados repletan la sala de estilo victoriano. Mozos, de impecable etiqueta, ofrecen pisco sour y vino a los comensales, en su mayoría chilenos becados, editores, traductores y académicos británicos. Entre ellos, coquetísima, Julie Christie se pasea moviendo los mejores 65 años que he visto nunca en una mujer. El embajador, con mas aspiración que elegancia fuma un puro para la foto a lado de la actriz inglesa. Alguien me advierte que por ahí anda Harold Pinter, dramaturgo al que nunca leí. Miro hacia el lado y un octogenario se empina, algo tembloroso, un pisco souer. Amable, como la mayoría de los ingleses, me saluda con un movimiento de cabeza. Tiene la piel pegada a los huesos y un par de ojeras que le bajan por los pómulos como dos cascadas violetas. Alguna vez vi un rostro parecido, aunque mucho más joven, en la contratapa de un libro. El primer secretario de la embajada me confirma que se trata del historiador británico Eric Hossbaown.
Ese era el ambiente en la embajada de Chile en Londres, cuando hace unos meses me encontré con el poeta Santiago Elordi, invitado a recitar unos versos de Neruda en homenaje a los 100 años de su natalicio.
Ahora, ya de vuelta en la capital de este perdido reino, nos juntamos con Elordi a compartir la nostalgia por el Támesis, los pubs y las mujeres de Londres, una ciudad de grandes parques y gente en Technicolor. Además, por cierto, a hablar algo de literatura, proyectos y de su último libro “Cartas a dios desde un prostíbulo”.
OTRA PINTURA DEL INFIERNO
"LA OSCURIDAD EXTERIOR" de Cormac McCarthy:
Por Andrés Aguirre M
Cormac McCarthy nació en 1933 en el estado de Rhode Island y creció en Tennessee. Las circunstancias de su vida se hallan envueltas, como la de otros de sus compatriotas (recordemos sino a J.D Salinger), en el mito: no concede entrevistas, se dice que vivió bajo una torre de perforación petrolífera y que en su juventud llevó la vida de un vagabundo. Con la publicación en 1992 de Todos los hermosos caballos gano el National Book Award, revelándose como uno de los autores con mayor fuerza de la narrativa americana. Sus descripciones, verdaderas pinturas góticas del paisaje norteamericano, la potencia de sus personajes y el retrato brutal de la violencia elevada a la categoría de arte lo convirtieron en un escritor de talla universal.
Hace un par de años, cuando se editó en español Meridiano de Sangre (1985 en inglés), los pocos ejemplares que había importado una librería de Providencia, se agotaron, no obstante su elevado valor -es una librería tan buena como cara- rápidamente. Unos cuantos lectores enterados compraron el libro que luego devoraron con avidez carnívora. Sospecho que muchos de ellos habían leído la impresionante crítica hecha por Harold Bloom en sus ensayos Cómo y por qué leer, donde escribe un verdadero panegírico de McCarthy y de su obra cúlmine.: “Cormac Mccarthy es un digno discípulo de Melville y Faulkner. Arriesgo que ningún otro novelista vivo, ni siquiera Thomas Pynchon nos ha dado un libro tan fuerte y memorable como Meridiano de sangre. Tampoco la reciente trilogía de la frontera del propio Mccarthy –que empieza con la soberbia Todos los hermosos caballos- ha igualado esta obra, insuperable culminación del western”.
A la galería de personajes memorables de la literatura universal y específicamente de la norteamericana, se vino a sumar el profético Juez Holden de Meridiano de sangre. No existe personaje parecido ni en los libros ni en el cine norteamericano de este género. No hay otro de dimensiones tan fabulosas y exuberantes; un demiurgo del mal, asesino, sabio, políglota y pontificador que en su rifle bañado en plata lleva inscrito sobre su nombre el lema: Et in Arcadia ego. Teórico de la guerra perpetua, el Juez nos parece un espectro inmortal, un villano de Shakespeare recorriendo la frontera entre Texas y México, poniendo al hombre en su mísero lugar. Su discurso, el de un Maquiavelo con elevaciones metafísicas dejaría pasmado al pacifista en estado ingenuo que cree que la paz es el estado natural de las cosas y la guerra sólo un accidente: “Tal es la naturaleza de la guerra, cuya apuesta es a la vez juego, autoridad y justificación. Vista así, la guerra es la forma más sincera de adivinación. Es la prueba de la voluntad propia y de la voluntad de otro dentro de esa voluntad mayor que al enlazarlas está forzada a elegir. La guerra es el juego definitivo porque en definitiva impone la realidad de la existencia”. La complejidad y fuerza de este personaje son la culminación, los bosquejos acabados de ciertos perfiles dramáticos que ya anunciaban sus textos anteriores, especialmente La oscuridad exterior, su segunda novela, publicada en Estados Unidos en 1968.
Incesto
A finales del siglo XIX, en algún lugar de los montes Apalaches y en una choza mísera rodeada por oscuros bosques una mujer da a luz un hijo de su propio hermano. Este abandona al bebé en el bosque y le dice que el niño ha muerto por causa natural. Al descubrir la mentira ella e escapa para buscar a su hijo. Hasta aproximarse a un final misterioso y apocalíptico, ambos hermanos deambulan por separado, ella buscando al niño, él buscándola a ella. mientras son hostigados por tres aterradores y extraños desconocidos
Tanto los personajes principales, Culla Holme y su hermana Rhinty, son seres ignorantes, pobres, semi bárbaros que parecen cargar sólo con el pecado original de nacer. El niño, producto de esta relación incestuosa, es la prueba incriminatoria de un pecado más sin posibilidades de redención. El camino para encontrarlo va a ser una penosa marcha donde no hay nada que buscar, una vuelta en círculos prefigurado por el destino que sólo acaba con la muerte. Cada personaje que aparece en el camino es un búho ominoso que señala con sus ojos redondos y fijos la misma dirección.
Los tres desconocidos con que en su recorrido se encuentra Culla Holme, según los presenta McCarthy, pueden parecer a primera vista tres ex presidarios o parte de una de esas pandillas de ladrones y asesinos legendarios del Oeste americano, sin embargo no tardamos mucho en darnos cuenta que se acercan más a demonios atemporales disfrazados, que han venido a consumar un sacrificio cuya víctima expiatoria ya ha sido elegida. El jefe del grupo -“Llevaba puesto un deformado traje oscuro que no habría podido abrocharse y una camisa con un pañuelo, quizás un trapo anudado al cuello. La cara emergía colorada ceñuda de una gran barba negra”- interroga a Culla como si supiera todo sobre él. En este personaje, dueño de una perversión sobrenatural, cruel e inquisitivo, se anuncian ya las características del juez Holden de Meridiano de sangre. Mezcla de predicador protestante y juez arbitrario, enviado omnipotente de los tribunales del infierno; un heraldo de horrores inminentes.
En general, la presencia de predicadores, iglesias y referencias textuales de la Biblia en boca de los personajes no demuestran otra cosa que la tremenda influencia que ha tenido la biblia en la literatura norteamericana. La tradición pastoral comienza en Norteamérica con la llegada de los colonos protestantes y su ramificación de pequeñas iglesias que profesan mantener sólo la palabra escrita, la Biblia, como fundamento de fe. Ésta caló hondo y moldeó la cultura del país del norte. Su herencia: unos valores que oscilan entre los parámetros más bien rígidos del deber moral y la culpa. En el plano literario esta herencia ha sido abono para grandes obras literarias. MacCarthy, alumbrado por esta tradición, en los últimos capítulos de la novela nos entrega una escena que funciona como el prólogo del abismo a través del diálogo delirante que mantiene Culla con un porquero que aparece, junto a sus cerdos, en el camino:
“-Una vez se lo oí decir a un predicador, el tipo estaba muy enterado. Dijo que el diablo tenía las patas como los cerdos. Y que lo ponía la Biblia, así que será verdad.
-Supongo.
-Dijo que por eso los judíos nunca comen cerdo.
-¿Qué son los judíos?
-Uno de esos pueblos antiguos que salen en la Biblia. Pero eso no incluye a los Mulefoot (tipo de cerdos) ¿A usted qué le parece?
-No lo sé, dijo Holme. ¿El qué?
-¿Son cerdos o no los son? Según la Biblia.
-Yo creo que un cerdo serìa un cerdo aunque no tuviera patas.
-Lo mismo creo yo. Si señor. Eso le hace recapacitar a uno sobre la Biblia y sobre los cerdos ¿No le parece?”
Último encuentro
No es hasta en los últimos capítulos del libro luego de que, por separado, Culla Holme y su hermana han recorrido un largo y fatigoso camino (consignemos que también para el lector es un tramo largo y fatigoso) que se abre todo el talento expresivo de McCarthy y su poética violencia. El segundo y último encuentro de Culla con los tres hombres (no sabemos cuanto tiempo ha pasado desde el último encuentro, lo que aumenta la sensación de extrañeza) parece una escena extraído dela Divina comedia actuándose en el lejano Oeste: “Hola dijo el de la barba. Hacía rato que no se te veía el pelo. Los miró. Llevaban la misma ropa, estaban sentados en idénticas posturas, dotados de la redundancia de un sueño. Como aparecidos que se encuentran en tierras devastadas por la fiebre: espectrales, palpables como la piedra. Miró al niño. Tenía una quemadura antigua a lo largo de un costado y la piel arrugada y apergaminada como la un viejo. Estaba desnudo y cubierto de una costra de polvo que le hacía parecer peludo y cuando el niño se volvió para mirarle vio una cuenca roja y fiera sin ojo que parecía la boca del horno de un cerebro en llamas. Apartó la vista”. Lo que sigue es epifanía y sacrificio; Evocación de imágenes mitológicas recortadas contra el ocaso rojo y polvoriento de los Apalaches.
La oscuridad exterior de Cormac Mccarty es, como unidad, muy inferior a Meridiano de sangre. Sin embargo, en las últimas cuarenta páginas vemos con claridad el germen que 17 años más tarde dará vida a esa gran novela. Sólo por eso, vale la pena leerla.
Ficha
La oscuridad exterior
Cormac McCarthy
Debate ediciones
Barcelona
2002
216 págs.
