Reseña libro:
“Sinrazón capitalista y razón de la democracia, contra la subasta de la conciencia política”.
Crisóstomo Pizarro
Editorial Catalonia, 207 págs.
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A propósito de Tecnocracia
“La solución de los problemas técnicos no depende de una discusión pública. Más bien la discusión pública podría cuestionar el marco dentro del cual las tareas de gobierno sólo se presentan como tareas técnicas”. Una frase de Habermas que resume el contenido y el espíritu del último libro de Crisóstomo Pizarro, abogado, sociólogo y doctor en ciencia política de la Universidad de Glasgow.
Un texto ambicioso que aborda el conjunto de supuestos que, aceptados como verdades, están en la base del funcionamiento político-económico que ordena las modernas sociedades capitalistas.
Especialmente interesantes y pertinentes a nuestra realidad son los capítulos sobre la tecnocracia como ideología y sus manifestaciones en nuestro contexto político y económico. De otro modo, cuando la habilidad técnica se convierte en un argumento ideológico que, como valor supremo y máxima aspiración, ordena la vida social y cultural hablamos de tecnocracia (y de sus líderes como tecnócratas). Aquí la razón instrumental como método y la asepsia técnica como argumento y objetivo reemplazan la discusión por la finalidad de la asociación política y la vida en común: “La ideología tecnocrática sirve de criterio para justificar la organización de la vida social sin la necesidad de recurrir a la interacción a través del lenguaje -diálogo, discusión, acuerdo-, limitándose así a razones meramente estratégicas e instrumentales”.
La tecnocracia como ideología reduce la discusión política al cálculo electoral por un lado, y a la acción estratégica y a los procedimientos por otro. La importancia que en los últimos años adquirió la política pública (o policys), promovida por el entusiasmo -hoy un poco cursi- de algunos entornos académicos y de gobierno, es el reflejo de una especie de metonimia perversa pero conveniente, donde el significado de un término, la política pública, se ha ido apropiando del significado de otro que les mayor y dentro de la cual esta última cabe, la política.
Sin embargo, la “política pública” se asemeja más a una rama de la ingeniería, un conjunto de procedimientos ordenados de acuerdo a un método para conseguir objetivos medibles y verificables; una herramienta valiosa que puede contribuir a la realización de una visión, pero que no es la visión. Por otra parte nos dice Pizarro, “la política es fundamentalmente una reflexión acerca de nuestra vida en común, es ponernos de acuerdo acerca de lo que es bueno para todos. Los asuntos políticos son distintos de los asuntos técnicos y científicos que regulan el sistema económico, y su resolución dependerá de los acuerdos que tomen los ciudadanos a través del lenguaje”. Y esto es básico porque ningún problema social, afirma el autor, se resuelva mediante la apelación a la ciencia, sino por convicciones. Y las convicciones pueden ser sustentadas en la ciencia, pero la ciencia no resuelve las selecciones de valor; son las personas las que se ponen de acuerdo en aquello que nos afecta a todos.


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