Wednesday, October 27, 2010


Reseña libro:
“Sinrazón capitalista y razón de la democracia, contra la subasta de la conciencia política”.
Crisóstomo Pizarro
Editorial Catalonia, 207 págs.

 

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A propósito de Tecnocracia


“La solución de los problemas técnicos no depende de una discusión pública. Más bien la discusión pública podría cuestionar el marco dentro del cual las tareas de gobierno sólo se presentan como tareas técnicas”. Una frase de Habermas que resume el contenido y el espíritu del último libro de Crisóstomo Pizarro, abogado, sociólogo y doctor en ciencia política de la Universidad de Glasgow.

Un texto ambicioso que aborda el conjunto de supuestos que, aceptados como verdades, están en la base del funcionamiento político-económico que ordena las modernas sociedades capitalistas.

Especialmente interesantes y pertinentes a nuestra realidad son los capítulos sobre la tecnocracia como ideología y sus manifestaciones en nuestro contexto político y económico. De otro modo, cuando la habilidad técnica se convierte en un argumento ideológico que, como valor supremo y máxima aspiración, ordena la vida social y cultural   hablamos de tecnocracia (y de sus líderes como tecnócratas).  Aquí la razón instrumental como método y la asepsia técnica como argumento y objetivo   reemplazan la discusión por la finalidad de la asociación política y la vida en común: “La ideología tecnocrática sirve de criterio para justificar la organización de la vida social sin la necesidad de recurrir a la interacción a través del lenguaje -diálogo, discusión, acuerdo-, limitándose así a razones meramente estratégicas e instrumentales”.

La tecnocracia como ideología reduce la discusión política al cálculo electoral por un lado, y a la acción estratégica y a los procedimientos por otro. La importancia que en los últimos años adquirió la política pública (o policys), promovida por el entusiasmo -hoy un poco cursi- de algunos entornos académicos y de gobierno, es el reflejo de una especie de metonimia perversa pero conveniente, donde el significado de un término, la política pública, se ha ido apropiando del significado de otro que les mayor y dentro de la cual esta última cabe, la política.

Sin embargo, la “política pública” se asemeja más a una rama de la ingeniería, un conjunto de procedimientos ordenados de acuerdo a un método para conseguir objetivos medibles y verificables; una herramienta valiosa que puede contribuir a la realización de una visión, pero que no es la visión. Por otra parte nos dice Pizarro, “la política es fundamentalmente una reflexión acerca de nuestra vida en común, es ponernos de acuerdo acerca de lo que es bueno para todos. Los asuntos políticos son distintos de los asuntos técnicos y científicos que regulan el sistema económico, y su resolución dependerá de los acuerdos que tomen los ciudadanos a través del lenguaje”. Y esto es básico porque ningún problema social, afirma el autor, se resuelva mediante la apelación a la ciencia, sino por convicciones. Y las convicciones pueden ser sustentadas en la ciencia, pero la ciencia no resuelve las selecciones de valor; son las personas las que se ponen de acuerdo en aquello que nos afecta a todos.

En la mayoría de los asuntos que componen la vida social, lo vemos a diario, el énfasis está puesto en cómo lograr metas para cumplir objetivos; un acento en los medios y la eficiencia. Quizás lo más grave es que este discurso permea todos los ámbitos de la vida cultural –el mundo de la vida- convirtiéndose en un valor central y en una aspiración simbólica que minimiza, excluye, incluso denosta cualquier idea o manifestación   que no esté en la lógica de la utilidad y la rentabilidad.

Las expresiones y consecuencias concretas de esta racionalidad son amplias y de distinto orden.  Sin embargo, lo relevante es que hemos sido obsecuentes en postergar de una forma inquietante la reflexión crítica y la discusión política.  Hemos tenido el mal gusto -ético y estético- de creer que las cifras y lo indicadores pueden decidir por si mismos, no sólo la finalidad de nuestra vida en común, sino también la medida de nuestras expectativas.


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