Tuesday, August 01, 2006

Libros
OTRA PINTURA DEL INFIERNO

"LA OSCURIDAD EXTERIOR" de Cormac McCarthy:
Por Andrés Aguirre M

Cormac McCarthy nació en 1933 en el estado de Rhode Island y creció en Tennessee. Las circunstancias de su vida se hallan envueltas, como la de otros de sus compatriotas (recordemos sino a J.D Salinger), en el mito: no concede entrevistas, se dice que vivió bajo una torre de perforación petrolífera y que en su juventud llevó la vida de un vagabundo. Con la publicación en 1992 de Todos los hermosos caballos gano el National Book Award, revelándose como uno de los autores con mayor fuerza de la narrativa americana. Sus descripciones, verdaderas pinturas góticas del paisaje norteamericano, la potencia de sus personajes y el retrato brutal de la violencia elevada a la categoría de arte lo convirtieron en un escritor de talla universal.
Hace un par de años, cuando se editó en español Meridiano de Sangre (1985 en inglés), los pocos ejemplares que había importado una librería de Providencia, se agotaron, no obstante su elevado valor -es una librería tan buena como cara- rápidamente. Unos cuantos lectores enterados compraron el libro que luego devoraron con avidez carnívora. Sospecho que muchos de ellos habían leído la impresionante crítica hecha por Harold Bloom en sus ensayos Cómo y por qué leer, donde escribe un verdadero panegírico de McCarthy y de su obra cúlmine.: “Cormac Mccarthy es un digno discípulo de Melville y Faulkner. Arriesgo que ningún otro novelista vivo, ni siquiera Thomas Pynchon nos ha dado un libro tan fuerte y memorable como Meridiano de sangre. Tampoco la reciente trilogía de la frontera del propio Mccarthy –que empieza con la soberbia Todos los hermosos caballos- ha igualado esta obra, insuperable culminación del western”.
A la galería de personajes memorables de la literatura universal y específicamente de la norteamericana, se vino a sumar el profético Juez Holden de Meridiano de sangre. No existe personaje parecido ni en los libros ni en el cine norteamericano de este género. No hay otro de dimensiones tan fabulosas y exuberantes; un demiurgo del mal, asesino, sabio, políglota y pontificador que en su rifle bañado en plata lleva inscrito sobre su nombre el lema: Et in Arcadia ego. Teórico de la guerra perpetua, el Juez nos parece un espectro inmortal, un villano de Shakespeare recorriendo la frontera entre Texas y México, poniendo al hombre en su mísero lugar. Su discurso, el de un Maquiavelo con elevaciones metafísicas dejaría pasmado al pacifista en estado ingenuo que cree que la paz es el estado natural de las cosas y la guerra sólo un accidente: “Tal es la naturaleza de la guerra, cuya apuesta es a la vez juego, autoridad y justificación. Vista así, la guerra es la forma más sincera de adivinación. Es la prueba de la voluntad propia y de la voluntad de otro dentro de esa voluntad mayor que al enlazarlas está forzada a elegir. La guerra es el juego definitivo porque en definitiva impone la realidad de la existencia”. La complejidad y fuerza de este personaje son la culminación, los bosquejos acabados de ciertos perfiles dramáticos que ya anunciaban sus textos anteriores, especialmente La oscuridad exterior, su segunda novela, publicada en Estados Unidos en 1968.

Incesto

A finales del siglo XIX, en algún lugar de los montes Apalaches y en una choza mísera rodeada por oscuros bosques una mujer da a luz un hijo de su propio hermano. Este abandona al bebé en el bosque y le dice que el niño ha muerto por causa natural. Al descubrir la mentira ella e escapa para buscar a su hijo. Hasta aproximarse a un final misterioso y apocalíptico, ambos hermanos deambulan por separado, ella buscando al niño, él buscándola a ella. mientras son hostigados por tres aterradores y extraños desconocidos
Tanto los personajes principales, Culla Holme y su hermana Rhinty, son seres ignorantes, pobres, semi bárbaros que parecen cargar sólo con el pecado original de nacer. El niño, producto de esta relación incestuosa, es la prueba incriminatoria de un pecado más sin posibilidades de redención. El camino para encontrarlo va a ser una penosa marcha donde no hay nada que buscar, una vuelta en círculos prefigurado por el destino que sólo acaba con la muerte. Cada personaje que aparece en el camino es un búho ominoso que señala con sus ojos redondos y fijos la misma dirección.
Los tres desconocidos con que en su recorrido se encuentra Culla Holme, según los presenta McCarthy, pueden parecer a primera vista tres ex presidarios o parte de una de esas pandillas de ladrones y asesinos legendarios del Oeste americano, sin embargo no tardamos mucho en darnos cuenta que se acercan más a demonios atemporales disfrazados, que han venido a consumar un sacrificio cuya víctima expiatoria ya ha sido elegida. El jefe del grupo -“Llevaba puesto un deformado traje oscuro que no habría podido abrocharse y una camisa con un pañuelo, quizás un trapo anudado al cuello. La cara emergía colorada ceñuda de una gran barba negra”- interroga a Culla como si supiera todo sobre él. En este personaje, dueño de una perversión sobrenatural, cruel e inquisitivo, se anuncian ya las características del juez Holden de Meridiano de sangre. Mezcla de predicador protestante y juez arbitrario, enviado omnipotente de los tribunales del infierno; un heraldo de horrores inminentes.
En general, la presencia de predicadores, iglesias y referencias textuales de la Biblia en boca de los personajes no demuestran otra cosa que la tremenda influencia que ha tenido la biblia en la literatura norteamericana. La tradición pastoral comienza en Norteamérica con la llegada de los colonos protestantes y su ramificación de pequeñas iglesias que profesan mantener sólo la palabra escrita, la Biblia, como fundamento de fe. Ésta caló hondo y moldeó la cultura del país del norte. Su herencia: unos valores que oscilan entre los parámetros más bien rígidos del deber moral y la culpa. En el plano literario esta herencia ha sido abono para grandes obras literarias. MacCarthy, alumbrado por esta tradición, en los últimos capítulos de la novela nos entrega una escena que funciona como el prólogo del abismo a través del diálogo delirante que mantiene Culla con un porquero que aparece, junto a sus cerdos, en el camino:
“-Una vez se lo oí decir a un predicador, el tipo estaba muy enterado. Dijo que el diablo tenía las patas como los cerdos. Y que lo ponía la Biblia, así que será verdad.
-Supongo.
-Dijo que por eso los judíos nunca comen cerdo.
-¿Qué son los judíos?
-Uno de esos pueblos antiguos que salen en la Biblia. Pero eso no incluye a los Mulefoot (tipo de cerdos) ¿A usted qué le parece?
-No lo sé, dijo Holme. ¿El qué?
-¿Son cerdos o no los son? Según la Biblia.
-Yo creo que un cerdo serìa un cerdo aunque no tuviera patas.
-Lo mismo creo yo. Si señor. Eso le hace recapacitar a uno sobre la Biblia y sobre los cerdos ¿No le parece?”

Último encuentro

No es hasta en los últimos capítulos del libro luego de que, por separado, Culla Holme y su hermana han recorrido un largo y fatigoso camino (consignemos que también para el lector es un tramo largo y fatigoso) que se abre todo el talento expresivo de McCarthy y su poética violencia. El segundo y último encuentro de Culla con los tres hombres (no sabemos cuanto tiempo ha pasado desde el último encuentro, lo que aumenta la sensación de extrañeza) parece una escena extraído dela Divina comedia actuándose en el lejano Oeste: “Hola dijo el de la barba. Hacía rato que no se te veía el pelo. Los miró. Llevaban la misma ropa, estaban sentados en idénticas posturas, dotados de la redundancia de un sueño. Como aparecidos que se encuentran en tierras devastadas por la fiebre: espectrales, palpables como la piedra. Miró al niño. Tenía una quemadura antigua a lo largo de un costado y la piel arrugada y apergaminada como la un viejo. Estaba desnudo y cubierto de una costra de polvo que le hacía parecer peludo y cuando el niño se volvió para mirarle vio una cuenca roja y fiera sin ojo que parecía la boca del horno de un cerebro en llamas. Apartó la vista”. Lo que sigue es epifanía y sacrificio; Evocación de imágenes mitológicas recortadas contra el ocaso rojo y polvoriento de los Apalaches.

La oscuridad exterior de Cormac Mccarty es, como unidad, muy inferior a Meridiano de sangre. Sin embargo, en las últimas cuarenta páginas vemos con claridad el germen que 17 años más tarde dará vida a esa gran novela. Sólo por eso, vale la pena leerla.


Ficha

La oscuridad exterior
Cormac McCarthy
Debate ediciones
Barcelona
2002
216 págs.





1 Comments:

At 10:12 AM, Blogger Andrés Aguirre said...

este es el comentario al primer aticualo

 

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