Entrevista a Santiago Elordi
Londres ni París ni Talca Por Andrés Aguirre
12 Devonshire street. Un día de julio del 2004. Numerosos invitados repletan la sala de estilo victoriano. Mozos, de impecable etiqueta, ofrecen pisco sour y vino a los comensales, en su mayoría chilenos becados, editores, traductores y académicos británicos. Entre ellos, coquetísima, Julie Christie se pasea moviendo los mejores 65 años que he visto nunca en una mujer. El embajador, con mas aspiración que elegancia fuma un puro para la foto a lado de la actriz inglesa. Alguien me advierte que por ahí anda Harold Pinter, dramaturgo al que nunca leí. Miro hacia el lado y un octogenario se empina, algo tembloroso, un pisco souer. Amable, como la mayoría de los ingleses, me saluda con un movimiento de cabeza. Tiene la piel pegada a los huesos y un par de ojeras que le bajan por los pómulos como dos cascadas violetas. Alguna vez vi un rostro parecido, aunque mucho más joven, en la contratapa de un libro. El primer secretario de la embajada me confirma que se trata del historiador británico Eric Hossbaown.
Ese era el ambiente en la embajada de Chile en Londres, cuando hace unos meses me encontré con el poeta Santiago Elordi, invitado a recitar unos versos de Neruda en homenaje a los 100 años de su natalicio.
Ahora, ya de vuelta en la capital de este perdido reino, nos juntamos con Elordi a compartir la nostalgia por el Támesis, los pubs y las mujeres de Londres, una ciudad de grandes parques y gente en Technicolor. Además, por cierto, a hablar algo de literatura, proyectos y de su último libro “Cartas a dios desde un prostíbulo”.
¿Te acuerdas de la lectura que hiciste en la embajada de Londres?
Claro, todas esos Lord ingleses comiendo choripanes, fantástico. Carlos Fuentes muy preciso, la Julie Christie, lindísima, mi querida heroína del Dr. Shivago. Sabes, tuve ganas de decirle, cásate conmigo, nos vamos a Chile, te llevare a conocer Tobalaba con Providencia, el Unimarc de Tobalaba con Providencia. Además hubo un dilema literario interesante. El embajador, Mariano Fernández, un gran tipo, me invito a leer un poema de Neruda ese día, acepte orgulloso como chileno. Yo no sabia que el poema se llamaba A mi Partido, había sido elegido y traducido por la máxima autoridad de Neruda aquí en Inglaterra, un profesor de Oxford. Le dije a la agregada Cultural que si leía ese poema me iba a salir falso, que no podía leer ningún poema a ningún partido, porque no creo en ningún partido, ni de fútbol, ni de nada. La cosa estaba complicada porque me había invitado, y me estaba haciendo el importante. Afortunadamente, se cambio el poema a “Mi Partido” por “Walking Around”.
Me dijiste que también fuiste invitado a leer tus poemas al Centro Cervantes de Londres ¿cómo fue eso?
Si, un escritor, Michael Luke, de 80 años, de la generación de Dylan Thomas, leyó algunos de mis Poemas de Viaje y de Amor traducidos al inglés. Le gustó a la audiencia, no hubo aplausos, los ingleses no son muy demostrativos, pero sé que les gustó porque comencé a recibir llamados de escritores que me invitaban a comer . En todo caso yo no leí mis poemas, no sé leer poemas, menos los míos, no he descubierto una forma de recitar como los poetas. Pero di una breve conferencia sobre la relación entre la palabra y la transformación de la materia. Luego un pequeño juego hacia la audiencia: Tomando el camino de la tradición Cristiana, pedí un vaso de agua e intente transformarlo en vino, “ojalá en un buen vino”, les dije. Advertí a la audiencia, que si la transformación se producía no se asustaran, era una posibilidad dentro de los poderes de la palabra.
¿Y convertiste el agua en vino?
No, claro que no, yo de mago no tengo nada, lo hice para demostrar que hoy la poesía se mueve en el ámbito del lenguaje. Sabemos que antes no fue así, en el Sánscrito, los poemas Homéricos, Virgilio, o en nuestros pueblos americanos donde todavía los chamanes curan por medio de la palabra. En todo caso luego de este juego con la audiencia, me hice unas preguntas: ¿Qué hubiese pasado si por medio de una tecnología engañosa, sin que la audiencia se hubiese dado cuenta, el agua se hubiese convertido en vino? Seria un Gurú aquí en Londres, desde luego, la gente quiere ídolos, siguen a la gente que tiene poderes: animadores que regalan autos, famosos cantantes que pueden andar en yate. Pero esa no es la idea del arte en general ¿no es cierto? Es mas bien una exploración personal hacia lo desconocido.
¿Y Por eso fuiste a Londres? ¿Cuánto te quedaste?
Casi 5 meses. En realidad fui a mostrar un documental que hicimos en Brasil con la pintora Kate Macdonald. Seguimos la ruta del explorador Fawcett que se perdió en el amazonas. Nunca encontramos a Fawcett pero leímos poemas y pintamos murales en las aldeas de Brasil. Eso aparece en el Documental que fue exhibido en un canal cable del Reino Unido. Luego comencé otro Documental en Inglaterra: seguimos a pie durante un mes la ruta de el escritor Dr. Jhonson y su secretario Boswell por los High Lands de Escocia. Cuéntame que hacías un día cualquiera en LondresPor lo general salía poco del departamento, el campamento base, como le decíamos, desde allí armábamos reuniones, esas cosas, buscar recursos para el segundo documental. Guardando las diferencias, estábamos como cuando Colon recorría las cortes de Europa tocando puertas para descubrir América. Cuando tenía tiempo salía a trotar. También me gustaba ir a una Iglesia anglicana de la esquina. Había una viejita escocesa en la entrada, Miss Robertson, ex alcohólica y apostadora en las carreras de galgos, muy simpática, me prestaba el piano, yo apenas sé tocar el piano, por eso me preocupaba de que no hubiese nadie en la iglesia, para no machacarle el oído a los pobres feligreses. Es increíble la cantidad de gente distinta que convive en esa ciudad...Se dice que Londres es la ciudad más cosmopolita del planeta, mas que Paris, Madrid, Nueva York. Es algo paradójico, sabes, porque en esta apariencia de mega polis la gente vive en submundos. Hay barrios especiales de artistas, de musulmanes, clubes privados de la aristocracia, pubs especiales para gente de Media. Con anteojos, pelos verdes o túnicas, todos llevan uniformes y habitan en celdas. El que puede entrar y salir de las celdas es el que disfruta de la diversidad. La mayoría no tiene esa posibilidad. El punto de vista depende de la mirada. Sabemos que también que se puede ser universal en una aldea. No hay mas que leer a Teillier.
¿Qué otra cosa te impresionó de la ciudad?
Mira, una vez al año aquí en Inglaterra hay un tipo de hormigas que sacan alas y vuelan. Un día, que estaba húmedo, caliente, tropical como si Londres fuera Brasil, andaban las hormigas volando por todos lados, entonces mi amiga Kate dijo de repente: “El día que vuelan las hormigas”, esa es una frase bellísima, frases así no aparecen todos los días, con esa línea o verso se pueden construir muchas cosas ¿ no te parece?
Absolutamente. Y hablando de literatura, además de poemas tu has hecho periodismo, documentales, cuento, novela, programas de TV, hay un conocido dicho que dice que quien mucho abarca poco aprieta ¿Qué piensas?
Claro, es terrible, no sé que hacer, a veces pienso, me voy a concentrar en escribir, en la carrera literaria, nada mas, pero luego me aburre esa opción. Sabes, es que tal vez, con todas mis limitaciones, busco hacer lo que me dé la gana. En Londres por ejemplo le mandaba correos electrónicos a todo el mundo, que sé yo, a mi mamá le describía la ciudad, a mi hijo le inventaba que encontré la espada Excalibur. El mail tiene algo instantáneo, breve, sintético. Es curioso, por lo general la gente no devuelve las llamadas por teléfono, pero sí los e mails. Ahí puedes escribir sintiéndote que no estas haciendo un poema, tampoco una carta, literatura. Yo busco esa zona indeterminada , ahí me siento cómodo, y de ahí puede salir un poema, un cuento, un diario, una novela, la letra de una canción. Eso sí, cuando entro en algo me gusta tocar mi propio limite, caer agotado, de manera obsesiva, compulsiva. El otro día mi amigo Beltrán Mena me mando un email diciendo que una de las pocas cosas que ha descubierto en la vida, es que en cualquier intento artístico debemos ser fieles a nuestro carácter. Es la única garantía de consistencia. Lograr la consistencia es todo lo a lo que podemos aspirar. Logrado eso, tenemos una chance de pasar al otro lado. Sólo entonces. Pero ahí ya nada depende de nosotros. Con esto de emprender tantos y distintos proyectos, muchas veces cuesta arriba ¿has pensado en dedicarte a otra cosa? Todo el tiempo lo pienso. Sobre todo el Domingo en la tarde, se viene el mundo encima, todo pierde sentido, entonces sueñas con tener un Quiosco para vender cigarrillos como proponía Ezra Pound. Si, todos los domingos pienso en mandar el arte a la mierda. Pero no sé cómo, siempre llega el Lunes, entonces parece que soy escritor. Lo que no es fácil, aunque algunos crean lo contrario
¿Tú eres de los que sufre cuando escribe?
No, de hecho reconozco que entre los grandes amores, los hermosos paisajes, el cariño de los hijos, los amigos, nunca lo he pasado tan bien como escribiendo. No en el sentido de felicidad sino de plenitud, intensidad. Y como disfrutas tanto ese estado, vuelves a cada rato, que sé yo, de mil formas diferentes, es como una droga, una anestesia. A veces también escribes para no ver a realidad que te rodea; entonces comienzas a escribir puras porquerías, y aunque todos te celebren, en el fondo tu sabes que son porquerías. Es un desafío escribir, necesitas entrar en un estado, pero a veces la realidad te lo impide, las cuentas, las obligaciones, etc, aunque parezca frío decirlo, tu piensas que todo cambiará con dinero. De ahí la otra ilusión de conquistar la libertad como escritor por medio de vender libros. Vivimos en una sociedad capitalista, pese a que nos cueste aceptarlo, donde el Dios más importante que se adora es el dinero. Yo creo que vivir esta tensión es propia de un escritor, poeta, pintor, cineasta, artista, el nombre da lo mismo. Pero solo de aquella tensión puede salta la chispa.
Hace poco fue publicada tu última novela “Cartas a dios desde un prostíbulo” parte de ella transcurre en Londres ¿Habías estado antes allí?
No, nunca antes había estado en Londres. Mira, en esto hay algo bien curioso. Con “La Caravana” me paso lo mismo, sabes. Hay un capítulo donde el protagonista se acuesta con una puta de nombre Lupita en México. Bueno, cuando yo lo escribí tampoco conocía México. Años después fui a México, y en Guadalajara conocí en un bar a una Lupita, era igual a la mujer de la novela que había imaginado. Le dije bromeando, “sabes, yo te inventé antes conocerte”, y le pasé la novela pero ella no sabía leer En Londres me pasó lo mismo, un día fui a conocer el barrio de Saint Jhons Wood donde transcurre el final de Las Cartas a Dios, de pronto, frente al estudio Abbey Road donde grabaron los Beatles, paso una elegante anciana muy parecida a La Baronesa de la novela, esta vez no seguí a la señora… En tu nueva novela, que trata de un grupo de amigos, que fundan un prostíbulo para atender mujeres, los personajes aparecen como héroes de una edad de oro perdida, entregando gratuitamente sus favores, sexuales, intelectuales o artísticos
¿Qué quisiste mostrar o decir con eso?
Mira, quise escribir en prosa un poema de amor y su imposible practica en estos tiempos. Tras la aventura del prostíbulo masculino hay un diseño conciente. El patrón en este caso fue el Quijote, sabemos que Cervantes era un fiel lector de novelas de caballería, pero ese mundo ideal de caballeros héroes ya no opera en el siglo 16, y el “Manco de Lepanto” hace una delirante parodia dando nacimiento a la novela moderna. Guardando las diferencias, durante años mi pasión fue la poesía de amor trovadoresca del siglo doce, de allí arranca todo el amor como lo entendemos en Occidente: el ideal , elegir un amor entre todos, el mito del andrógeno, etc En la novela, fíjate que todas las acciones del prostíbulo están basado en una cultura libresca, el protagonista puto se siente poeta, quiere recuperar el ideal de amor, curar las heridas de las clientas para que vuelvan a creer en el amor, pero finalmente la aventura termina en desastre personal.
En tus novelas y poemas los sueños se desploman, como se desploman las utopías. En la novela, el fracaso del narrador y del prostíbulo mismo que él inaugura, ¿ puede ser visto como la imposibilidad del amor absoluto?
Claro, al personaje que le escribe las cartas a Dios, se le viene el mundo abajo, sus amores, amigos, lecturas, incluso su idea de Dios. Se le vienen abajo todas sus construcciones. Es cierto, los sueños caen pero algo ha quedado en esa caída. Pero nada cambia, ni el mundo cambia, ni él cambia. Por lo demás nadie se entera de la derrota del personaje.Precisamente eso que dices, es la tensión de la novela, me interesan los pequeños espacios heroicos personales. No importa que nada cambie, que nadie sepa lo que hemos vivido, lo importante es que lo vivimos, y ya no somos los mismos. Las derrotas personales son una metáfora de la condición humana. Los fracasos como una posibilidad de entrar en nosotros mismos y en los demás; la muerte como un ciclo de renovación, no veo por el momento otra forma de comprender o construir nuestra realidad.
Libros
OTRA PINTURA DEL INFIERNO"LA OSCURIDAD EXTERIOR" de Cormac McCarthy:
Por Andrés Aguirre M
Cormac McCarthy nació en 1933 en el estado de Rhode Island y creció en Tennessee. Las circunstancias de su vida se hallan envueltas, como la de otros de sus compatriotas (recordemos sino a J.D Salinger), en el mito: no concede entrevistas, se dice que vivió bajo una torre de perforación petrolífera y que en su juventud llevó la vida de un vagabundo. Con la publicación en 1992 de Todos los hermosos caballos gano el National Book Award, revelándose como uno de los autores con mayor fuerza de la narrativa americana. Sus descripciones, verdaderas pinturas góticas del paisaje norteamericano, la potencia de sus personajes y el retrato brutal de la violencia elevada a la categoría de arte lo convirtieron en un escritor de talla universal.
Hace un par de años, cuando se editó en español Meridiano de Sangre (1985 en inglés), los pocos ejemplares que había importado una librería de Providencia, se agotaron, no obstante su elevado valor -es una librería tan buena como cara- rápidamente. Unos cuantos lectores enterados compraron el libro que luego devoraron con avidez carnívora. Sospecho que muchos de ellos habían leído la impresionante crítica hecha por Harold Bloom en sus ensayos Cómo y por qué leer, donde escribe un verdadero panegírico de McCarthy y de su obra cúlmine.: “Cormac Mccarthy es un digno discípulo de Melville y Faulkner. Arriesgo que ningún otro novelista vivo, ni siquiera Thomas Pynchon nos ha dado un libro tan fuerte y memorable como Meridiano de sangre. Tampoco la reciente trilogía de la frontera del propio Mccarthy –que empieza con la soberbia Todos los hermosos caballos- ha igualado esta obra, insuperable culminación del western”.
A la galería de personajes memorables de la literatura universal y específicamente de la norteamericana, se vino a sumar el profético Juez Holden de Meridiano de sangre. No existe personaje parecido ni en los libros ni en el cine norteamericano de este género. No hay otro de dimensiones tan fabulosas y exuberantes; un demiurgo del mal, asesino, sabio, políglota y pontificador que en su rifle bañado en plata lleva inscrito sobre su nombre el lema: Et in Arcadia ego. Teórico de la guerra perpetua, el Juez nos parece un espectro inmortal, un villano de Shakespeare recorriendo la frontera entre Texas y México, poniendo al hombre en su mísero lugar. Su discurso, el de un Maquiavelo con elevaciones metafísicas dejaría pasmado al pacifista en estado ingenuo que cree que la paz es el estado natural de las cosas y la guerra sólo un accidente: “Tal es la naturaleza de la guerra, cuya apuesta es a la vez juego, autoridad y justificación. Vista así, la guerra es la forma más sincera de adivinación. Es la prueba de la voluntad propia y de la voluntad de otro dentro de esa voluntad mayor que al enlazarlas está forzada a elegir. La guerra es el juego definitivo porque en definitiva impone la realidad de la existencia”. La complejidad y fuerza de este personaje son la culminación, los bosquejos acabados de ciertos perfiles dramáticos que ya anunciaban sus textos anteriores, especialmente La oscuridad exterior, su segunda novela, publicada en Estados Unidos en 1968.
Incesto
A finales del siglo XIX, en algún lugar de los montes Apalaches y en una choza mísera rodeada por oscuros bosques una mujer da a luz un hijo de su propio hermano. Este abandona al bebé en el bosque y le dice que el niño ha muerto por causa natural. Al descubrir la mentira ella e escapa para buscar a su hijo. Hasta aproximarse a un final misterioso y apocalíptico, ambos hermanos deambulan por separado, ella buscando al niño, él buscándola a ella. mientras son hostigados por tres aterradores y extraños desconocidos
Tanto los personajes principales, Culla Holme y su hermana Rhinty, son seres ignorantes, pobres, semi bárbaros que parecen cargar sólo con el pecado original de nacer. El niño, producto de esta relación incestuosa, es la prueba incriminatoria de un pecado más sin posibilidades de redención. El camino para encontrarlo va a ser una penosa marcha donde no hay nada que buscar, una vuelta en círculos prefigurado por el destino que sólo acaba con la muerte. Cada personaje que aparece en el camino es un búho ominoso que señala con sus ojos redondos y fijos la misma dirección.
Los tres desconocidos con que en su recorrido se encuentra Culla Holme, según los presenta McCarthy, pueden parecer a primera vista tres ex presidarios o parte de una de esas pandillas de ladrones y asesinos legendarios del Oeste americano, sin embargo no tardamos mucho en darnos cuenta que se acercan más a demonios atemporales disfrazados, que han venido a consumar un sacrificio cuya víctima expiatoria ya ha sido elegida. El jefe del grupo -“Llevaba puesto un deformado traje oscuro que no habría podido abrocharse y una camisa con un pañuelo, quizás un trapo anudado al cuello. La cara emergía colorada ceñuda de una gran barba negra”- interroga a Culla como si supiera todo sobre él. En este personaje, dueño de una perversión sobrenatural, cruel e inquisitivo, se anuncian ya las características del juez Holden de Meridiano de sangre. Mezcla de predicador protestante y juez arbitrario, enviado omnipotente de los tribunales del infierno; un heraldo de horrores inminentes.
En general, la presencia de predicadores, iglesias y referencias textuales de la Biblia en boca de los personajes no demuestran otra cosa que la tremenda influencia que ha tenido la biblia en la literatura norteamericana. La tradición pastoral comienza en Norteamérica con la llegada de los colonos protestantes y su ramificación de pequeñas iglesias que profesan mantener sólo la palabra escrita, la Biblia, como fundamento de fe. Ésta caló hondo y moldeó la cultura del país del norte. Su herencia: unos valores que oscilan entre los parámetros más bien rígidos del deber moral y la culpa. En el plano literario esta herencia ha sido abono para grandes obras literarias. MacCarthy, alumbrado por esta tradición, en los últimos capítulos de la novela nos entrega una escena que funciona como el prólogo del abismo a través del diálogo delirante que mantiene Culla con un porquero que aparece, junto a sus cerdos, en el camino:
“-Una vez se lo oí decir a un predicador, el tipo estaba muy enterado. Dijo que el diablo tenía las patas como los cerdos. Y que lo ponía la Biblia, así que será verdad.
-Supongo.
-Dijo que por eso los judíos nunca comen cerdo.
-¿Qué son los judíos?
-Uno de esos pueblos antiguos que salen en la Biblia. Pero eso no incluye a los Mulefoot (tipo de cerdos) ¿A usted qué le parece?
-No lo sé, dijo Holme. ¿El qué?
-¿Son cerdos o no los son? Según la Biblia.
-Yo creo que un cerdo serìa un cerdo aunque no tuviera patas.
-Lo mismo creo yo. Si señor. Eso le hace recapacitar a uno sobre la Biblia y sobre los cerdos ¿No le parece?”
Último encuentro
No es hasta en los últimos capítulos del libro luego de que, por separado, Culla Holme y su hermana han recorrido un largo y fatigoso camino (consignemos que también para el lector es un tramo largo y fatigoso) que se abre todo el talento expresivo de McCarthy y su poética violencia. El segundo y último encuentro de Culla con los tres hombres (no sabemos cuanto tiempo ha pasado desde el último encuentro, lo que aumenta la sensación de extrañeza) parece una escena extraído dela Divina comedia actuándose en el lejano Oeste: “Hola dijo el de la barba. Hacía rato que no se te veía el pelo. Los miró. Llevaban la misma ropa, estaban sentados en idénticas posturas, dotados de la redundancia de un sueño. Como aparecidos que se encuentran en tierras devastadas por la fiebre: espectrales, palpables como la piedra. Miró al niño. Tenía una quemadura antigua a lo largo de un costado y la piel arrugada y apergaminada como la un viejo. Estaba desnudo y cubierto de una costra de polvo que le hacía parecer peludo y cuando el niño se volvió para mirarle vio una cuenca roja y fiera sin ojo que parecía la boca del horno de un cerebro en llamas. Apartó la vista”. Lo que sigue es epifanía y sacrificio; Evocación de imágenes mitológicas recortadas contra el ocaso rojo y polvoriento de los Apalaches.
La oscuridad exterior de Cormac Mccarty es, como unidad, muy inferior a Meridiano de sangre. Sin embargo, en las últimas cuarenta páginas vemos con claridad el germen que 17 años más tarde dará vida a esa gran novela. Sólo por eso, vale la pena leerla.
Ficha
La oscuridad exterior
Cormac McCarthy
Debate ediciones
Barcelona
2002
216 págs.