Monday, April 23, 2007

Esoterismo y Autoayuda

FÁCIL, DEMASÍADO FÁCIL
Por Andrés Aguirre
No es difícil denostar a todos estos nuevos "ismos", que han invadido en la última década los espacios de manifestación cultural y espiritual de la sociedad occidental, y cuyo objetivo común es fomentar, estimular y ayudar al desarrollo personal de la gente.
No es difícil porque, ciertamente, cada una de estas filosofías o ciencia ha caído en manos de la industria cultural, en este caso las editoriales, vendiendo recetas de felicidad tan desechables como dudosas en su efectividad, para el consumo masivo.
Sin embargo, es necesario, en vísperas del nuevo milenio, mantenerse despierto y con la mente abierta, pues hay que distinguir la paja del polvo, ya que entre tanto producto artificioso se deslizan, de vez en cuando, libros interesantes y reveladores.

Uno de ellos, editado hace ya un tiempo, es El celador (Editorial Martínez de Roca), de David Ovason, especialista en la influencia del pensamiento hermético sobre la literatura medieval. En una novela fascinante, el autor hace un repaso de los misterios herméticos y principios esotéricos que fueron comunes a grandes iniciados como Platón, San Agustín o Shakespeare.

Las órdenes secretas de caballería, de Victor Michelet, descubre con amenidad y con un conocimiento cabal el mundo sumergido de los caballeros medievales. En relación a los ejemplares de autoayuda, o sea los que dan consejos para la vida, mejor es remitirse a los clásicos, desde El arte de amar, de Ovidio, el primer libro para seducir mujeres, pasando por los textos sobre la felicidad de Schopenhauer o su Dialéctica erística (arte de discutir). En esta línea, las estrategias de combate del Arte de la guerra, de Tsun-su, se ha convertido en el libro de cabecera de los ejecutivos jóvenes, que lo aplican a sus negociaciones.

Ahora si lo que se quiere es conocer sobre budismo, taoísmo o Confucio y las fuentes parecen demasiado ambiguas o difíciles, hay buenas introducciones como las del japonés Suzuki en budismo zen, las de Allan Watts, las de Tom Cleary y los estudios comparativos (cristianismo-corrientes orientales) de Thomas Merton.

En budismo tibetano, El libro tibetano de la vida y de la muerte (Editorial Urano), de Sogyal Rimpoché, enfrenta el tema de la muerte recurriendo al libro tibetano, pero desde un vasto conocimiento de la cultura occidental. Las editoriales Kairós, Edaf, Abraxas y Oniro, tienen en general muy buenos textos sobre estos temas.

En materia de tarots, El tarot mítico, de Juliet Sharma-Burke y Liz Greene, además de ser estéticamente bonito, presenta a los arcanos mayores y sus caminos iniciáticos a través de escenas y personajes de la mitología griega, lo que le confiere una gran riqueza de imágenes y símbolos.

En Chile, el gurú de esta ciencia, conocido por sus libros y conferencias, es Alejandro Jodorowsky, quien parece dominar las claves profundas del tarot y las filosofías orientales. Uno de sus libros más interesantes es Psicomagia.
Ahí propone un método personal de sanación recogido de las más antiguas tradiciones del Oriente. El mercado da lo que la gente pide, y la gente pide, y esto es sintomático, recetas de felicidad. Libros que arrastran siglos de conocimiento y espiritualidad como el I Ching, El libro tibetano de los muertos, el Tao te king, o textos sobre budismo zen, por nombrar unos pocos, han sido reciclados por distintos autores para extraer fórmulas facilistas de autocrecimiento.
Lo que hacen con ello es despojar a estos textos de su contenido literario y de sus dificultades, que en el fondo son su esencia, para lanzar frases hechas con un sentido utilitario, de uso fácil e inmediato. Bebiendo de distintas fuentes, pero siguiendo este mismo principio, es lo que han hecho autores como Paulo Coelho con El alquimista, J.J. Benítez con El caballo de Troya o Deepak Chopra con Las siete leyes espirituales del éxito.
El engaño está en que no hay recetas universales y el conocimiento del hombre y su entorno requiere un grado de compromiso que, indefectiblemente, va de la mano con una reflexión permanente. El verdadero autoconocimiento entraña no pocas dificultades intelectuales y una cuota importante de sacrificio.

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INTIMIDAD, DE HANIF KUREISHI
Por su síntesis, su profundidad y su despiadada transparencia, esta novela debe ser una de las mejores de Hanif Kureishi. Nos somete, como dice muy acertadamente un crítico francés, a una feroz lección de humanidad.
Por la calidad de las plumas de los actuales escritores ingleses, parecen haber heredado en la sangre el talento narrativo de antecesores como Dickens, Jane Austen o Stevenson, por nombrar sólo algunos.
Hanif Kureishi, autor del Buda de los suburbios y Amor en tiempos tristes, caracterizado siempre por un estilo cinematográfico, en cuyos textos abundaban referencias a las drogas, al rock and roll y a la cultura de masas, ha dado un giro notorio a su literatura para expurgar todo elemento superfluo que no sea necesario al más íntimo desarrollo de la historia que nos va a contar. Si, efectivamente creyéramos en el progreso lineal de la especie humana, a este viraje podríamos llamarlo sin miedo evolución.
La acción de la historia es escasa, pero poco importa, porque todo su poder radica en el vértigo de la conciencia de un hombre, Jay, que ha tomado la decisión de dejar a su esposa y dos hijos una casa confortable y llena de flores para arrancar del tedio de una rutinaria vida marital. Ha dejado de amar a su mujer, la convivencia con ella se le ha hecho insoportable y sus principales dudas para dejarla son los hijos.
Aunque ya ha tomado la decisión y toda la novela es el repaso de su vida y las reflexiones en torno al amor para siempre que de alguna forma imponen los hijos, la certeza del daño que puede causar con esa elección y el hecho de resignarse a la infelicidad cotidiana.
En definitiva, una lucha abierta y cruda, sin ningún tapujo donde se dice todo lo que no debe decirse, entre la libertad y la responsabilidad que nos liga a los otros.
Como una crónica del fin del amor (¿y por qué se acaba el amor?, debería ser la pregunta de fondo) y el comienzo del odio, Kureishi retrata con inteligencia, y sin perder el humor tradición británica obliga, los desencantos de la madurez, las casi insalvables dificultades de la vida en pareja, las mezquindades, las negociaciones y las claudicaciones que nos impone la vida.
Ante las recriminaciones de su esposa, sacándole en cara los esfuerzos que ella hace diariamente para que él sea feliz, Jay llega a la siguiente conclusión: Ante ella me siento avergonzado. Pero la verdad es que no soy capaz de divertirla ni de animarla. Y, sin embargo, de entre toda la gente que hay en el mundo nos hemos elegido el uno al otro. ¿Para qué? Para una grave y difícil tarea: frustrarnos y castigarnos el uno al otro. Pero, ¿por qué? .

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